Libertad, igualdad y austeridad: “El pedido es un chiste si lo hace el hijo de un millonario”Política 

Libertad, igualdad y austeridad: “El pedido es un chiste si lo hace el hijo de un millonario”

Antes, las revoluciones eran otra cosa. La épica de una batalla o del cruce de la Cordillera de los Andes era coronada con una arenga que exaltaba el espíritu patriótico y contagiaban entusiasmo. Ya no.

La aspiración de los héroes contemporáneos no es dejar una marca en los libros de historia, sino en las historias de Instagram. Alguna gloria de 24 horas de duración.

Lo que en otros tiempos hubiera sido una vergüenza, hoy es una idea rectora: “¡Seamos austeros, que lo demás no importa nada!”.

Asistimos a un coaching de la pobreza, en el que los gurúes de la austeridad pueden presentar en la televisión casos tan conmovedores como el de un anciano de 96 añitos que reparte empanadas para pagarse él mismo los pañales de adulto. ¡Qué ternura!

Un dimer fue bajando la luz y, casi sin darnos cuenta, ya estamos a oscuras. El ser austero, que hasta hace poco no podía calificar ni como aspirante a ninguna épica es ahora un fin en sí mismo: “¡Libertad, igualdad, austeridad!”, grita uno en voz baja, porque hasta eso se ahorra.

El pedido de austeridad es un chiste si lo hace un millonario. Y es mucho más gracioso si lo hace el hijo de un millonario.

Todos los gestos son valorados: una mañana cualquiera alguien se siente orgulloso porque ha logrado hacer rendir tres tazas a un saquito de té. No es gran cosa, pero cualquier esfuerzo suma cuando el horizonte es corto.

Ya habrá tiempo para ahorrar en miserables.

*Columna publicada en el diario Perfil.

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