De la Academia de Ochoa y Perinetti hasta este gran campeón del nuevo milenioDeportes 

De la Academia de Ochoa y Perinetti hasta este gran campeón del nuevo milenio

El camino lo marcaron Alberto Ohaco, Alberto Marcovecchio, Natalio Perinetti, entre otros. Apellidos que ya no estaban identificados con la matriz británica. Hijos de italianos, muchos argentinos de primera generación, formaron parte del primer gran campeón criollo, en la segunda década del Siglo XX, que logró siete títulos consecutivos. Fueron ídolos, los dos primeros por su capacidad goleadora, el tercero por su gambeta endiablada. Pero ninguno como el primero ganó popularidad más allá de Avellaneda y de la Ciudad de Buenos Aires: Pedro Ochoa, Ochoíta.

Lo inmortalizó la voz de Carlos Gardel en el tango Patadura, de Enrique Carrera Sotelo: “Burlar a la defensa, compases y gambetas/y ser como Ochoíta el crack de la afición”.

Ochoa, que siempre jugó en Racing, fue campeón en 1919, 1921 y 1925. Sobresale por encima de todos los nombres que cimentaron la grandeza de la Academia por esos años. El marketing aún no existía pero aparecer en una canción cantada por el ídolo popular de la época significó también un paso hacia el futuro.

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En una mínima selección de cada década, a partir de los años 30, es imposible no recordar a ídolos vinculados por su presencia y liderazgo, como José Pechito Della Torre en los 30 o José Salomón en los 40; la capacidad goleadora, como Evaristo Barrera o Delfín Benítez Cáceres; o la enorme calidad técnica, como Enrique El Chueco García y Vicente Zito. Todos en la previa del tricampeonato de 1949-50-51.

Racing fue el último equipo grande en salir campeón ya en tiempos de profesionalismo, pero el primero en ganar el tricampeonato. Allí brillaron Llamil Simes, Mario Boyé, Norberto Tucho Méndez, Rubén Bravo y Ezra Sued, entre otros.

Gustavo Costas y Juan José Pizzuti.

En la línea de Perinetti, Ochoíta y el Chueco García, la Academia tuvo uno de esos jugadores diferentes, endiablados, indescifrables, como Oreste Omar Corbatta, un ídolo con capa de antihéroe. Brilló junto a Pedro Dellacha, Juan José Pizzuti, Vladislao Cap, Norberto Anido, Osvaldo Negri, Pedro Manfredini, Raúl Belén y, en especial, el Marqués Rubén Sosa.

La cosecha en los últimos 50 años, en realidad 53, es más escasa. Pero a la vez contemporánea para miles de hinchas. Por eso cada equipo campeón (cuatro locales y uno internacional) merece un espacio como se ve en las canchitas. En 1965, Juan José Pizzuti lo agarró último y lo sacó campeón del mundo. El cerebro del Bocha Maschio, la pegada del Chango Cárdenas, la estampa de Roberto Perfumo y Alfio Basile y las atajadas de Mario Cejas, sobresalen en un equipo que ganó todo (torneo, Libertadores e Intercontinental) y fue, durante décadas, la última gran alegría.

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Gustavo Costas y Rubén Paz, entre tantos de las últimas cuatro décadas, renovaron votos con la gente en tiempos de vacas flacas. La Supercopa 88 fue un oasis frente a la sequía de 35 años en los torneos domésticos. En plena crisis institucional del país, Racing fue feliz. Desde entonces, dos ídolos sobresalieron: Diego Milito primero (campeón 2001 y 2014) y Lisandro López ahora (2019).

De Ochoíta a Licha, ídolos con la celeste y blanca en el corazón.

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