Tottenham y Liverpool: la final de los milagrosDeportes 

Tottenham y Liverpool: la final de los milagros

Liverpool y Tottenham Hotspur protagonizarán este sábado la final de los milagros, unidos en ese destino madrileño con el que sueñan todos los grandes de Europa, hermanados en la angustia y la épica, también en el estilo inglés para sentir el fútbol y jugarlo, separados en historia y en detalles, unidos otra vez en la ilusión de levantar esa copa tan deseada como esquiva.

Nada menos que su majestad la Champions League. 

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​Será una gran final, no es arriesgado afirmarlo. El combustible que usan Liverpool y Tottenham para alimentar su ilusión es un fútbol sin especulaciones, directo, inglés aunque tengan globalizados sus planteles. Nafta Premier League. Liverpool atesora cinco Copas de Europa en sus vitrinas, pero la última le parece vieja, es de 2005, y la final del año pasado le trae malos recuerdos, esa derrota ante Real Madrid. Tottenham no la ganó nunca y quiere mezclar su nombre con los de los más grandes.

Las víctimas que dejaron en el camino los jerarquizan. Los de rojo pasaron por las armas al Bayern Munich, al Porto y al más ilustre, el Barcelona con un histórico 4-0 imprescindible para revertir un anterior e injusto 0-3. Los de blanco obligaron a la rendición al Borussia Dortmund, al candidato Manchester City con un 3-4 alucinante tras el 1-0 de la ida, y al Ajax que enamoró, con un 3-2 infartante en la vuelta.

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Será una gran final, pero hacia fines del año pasado ninguno de los dos estaba en condiciones de soñarla. Y es la final de los milagros justamente porque las reacciones épicas aparecieron mucho antes de las más recientes y recordadas, ante Barcelona por parte de los de Klopp y frente a Manchester City y Ajax, por cuenta de los de Pochettino.

De hecho los dos equipos pasaron la fase de grupo también sufriendo y rezando, milagreando si se acepta el neologismo. Y los dos lo concretaron el mismo día: el martes 11 de diciembre de 2018.

En el Grupo B, Tottenham empezó con dos derrotas, 2-1 contra Inter en Milan y 4-2 ante Barcelona en Wembley. Ni el más optimista podía aventurar que había un destino de final tras esos tropezones. Pero el conjunto londinense se recuperó ante el PSV Eindhoven (2-2 y 2-1 a favor), le ganó la revancha 1-0 al Inter y se puso en carrera. 

Jürgen Klopp, Mohamed Salah y la última práctica del Liverpool. (FOTO: REUTERS)

Pero aquel 11 de diciembre visitaba el Camp Nou con la razonable expectativa de despedirse de la Champions. Aunque, como se confirmaría más adelante, el Tottenham tiene algo más, un plus. No podía despegar un ojo de lo que hiciera el Inter ante PSV en su casa, mientras bancaba al Barcelona. Es cierto que el Barça ya estaba clasificado y esa era una buena señal, de hecho Messi fue al banco (entró a los 63 minutos), pero ingleses e italianos llegaban igualados, aunque con ventaja para los de Milán. 

Mauro Icardi convirtió un gol para el breve empate del Inter que igual lo clasificaba, hasta que en el minuto 85 apareció Lucas Moura con su primer milagro. El brasileño empezaba a escribir su historia de hazañas. El 1-1 del Tottenham en tierra catalana le dio el angustioso pasaje: ante la igualdad en 8 puntos y en diferencia de gol negativa (-1), definió el tanto que había hecho en San Siro aquel lejano 18 de septiembre Christian Erikssen. Un pequeño milagro, comparado con lo que vendría más adelante.

Liverpool también tuvo que entregarse a los dioses para atravesar la fase de grupos. Habitante del Grupo C, el equipo de Jürgen Klopp llegó a la última fecha, también el 11 de diciembre, complicado. Sumaba 6 puntos y recibía en Anfield Road al Napoli (líder con 9), mientras el Paris Saint-Germain (8) visitaba al Estrella Roja. No tenía otra opción que el triunfo. 

Lo consiguió con un gol de Mohamed Salah y como los parisinos ganaron 4-1 el segundo lugar quedó igualado entre rojos y celestes. Mismos puntos, mismo resultado entre ellos (1-0), misma diferencia de gol (+2), los 9 goles a favor de Liverpool movieron la balanza sobre los 7 de Napoli. Otro pequeño milagro, aunque nada comparable al del 7 de mayo ante Messi y Compañía…

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Son muchas las cosas que unen a Liverpool y Tottenham, queda dicho. Los separa sin embargo un dato contundente, lo hecho en la última temporada en la Premier League, campeonato en el que también conviven. 

Allí se vio un contraste sorprendente. Liverpool peleó hasta la última fecha el título con Manchester City, que se consagró bicampeón por apenas un punto de ventaja. Con 97 unidades y una sola derrota en 38 fechas, la campaña de los de Klopp fue de campeón, aunque no les alcanzó ante el City de Pep Guardiola. En cambio, Tottenham finalizó cuarto. Lo llamativo es que la diferencia entre ambos fue de 26 puntos. Claro que esto no significa que esta distancia se vea reflejada de alguna forma en el Wanda Metropolitano el sábado 1°.

Liverpool ganó 30 partidos, Tottenham 23. Liverpool perdió uno, Tottenham 13. Liverpool hizo 89 goles, Tottenham 67. Números, en la cancha del Atlético de Madrid tal vez no sirvan para nada.

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En el juego también hay diferencias y similitudes. Son dos equipos a la inglesa, que atacan. El vértigo los define. Directos, con medio campos de tránsito y delanteros picantes. Liverpool no suele romper el 4-3-3 y su mayor capital está en los tres delanteros (Salah, Firmino y Mané) que se complementan a la perfección, los tres tienen gol pero también saben bajar para generar juego, ayudando a un medio campo que no tiene conductores definidos.

Tottenham es, según la opinión de Guardiola, el equipo con más variantes tácticas de Inglaterra. Pochettino suele pasar de los cuatro en el fondo a los tres o cinco según la ocasión y en el transcurso de un mismo partido. No padeció demasiado por la lesión de Harry Kane, quien podría volver, y en cambio encontró soluciones goleadoras en Son y en Lucas Moura, alternativamente. Lo del brasileño, se sabe, adquirió niveles bíblicos con sus tres goles ante el Ajax en el Johan Cruyff Arena, el último y decisivo, en el minuto cinco de adicional. 

Tal vez la respuesta se presente en las áreas. A ninguno de los dos le obsesiona la posesión. Una final de palo y palo, seguramente. En la que nadie puede descartar que aparezca un nuevo milagro.

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