El trabajo está antes que la suerteEconomía 

El trabajo está antes que la suerte


En Oklahoma, uno de los tantos campos inundados Crédito: Twitter @deadmallard
1 de junio de 2019  • 03:00

Las oportunidades están a la vista. El maíz tiene todas las características para ser el cultivo alrededor del cual se consiga lo que tantas veces se pregona para la Argentina. Agregar valor en su transformación (carnes, lácteos, combustibles y bioplásticos), promover el desarrollo territorial (desde la Patagonia hasta Misiones), generar divisas (con la cosecha récord de 48 millones en grano comercial ingresarían US$4600 millones) y diversificar la estrategia productiva (ya no es tan desventajoso en los márgenes frente a la soja). Y, además, permite enfrentar los desafíos del cambio climático al incorporarse en un esquema de rotación que sostiene la salud de los suelos.

Ese escenario, y otras variables más, quedó expuesto en el congreso que organizó la Asociación del Maíz y el Sorgo (Maizar) el martes pasado (ver páginas 4 y 5). El encuentro no pudo ser menos oportuno: en las últimas dos semanas el escenario de precios internacionales de los granos dio un giro de 180 grados.

La falta de acuerdo en la guerra comercial entre Estados Unidos y China y la acumulación de existencias de soja, al doble de la campaña pasada en territorio norteamericano, más las muy buenas cosechas en América del Sur, configuraban un panorama claramente bajista en las cotizaciones.

Pero aparecieron las lluvias en el Medio Oeste y en las planicies norteamericanas, que retrasan la siembra de maíz en niveles que semana a semana obligan a modificar las estimaciones sobre eventuales pérdidas futuras de rindes. Los fondos de Chicago reaccionaron y, por primera vez en muchas campañas, la producción argentina puede tomar alguna ventaja de los problemas de afuera.

Por supuesto, no está bien alegrarse de la desgracia ajena, pero se sabe que en el mercado de granos un problema climático en un gran país productor puede “beneficiar” a otro. La Argentina lo padeció la campaña pasada con la sequía que dañó la cosecha gruesa, justo cuando se desató la pelea entre EE.UU. y China. Brasil aprovechó el aumento de la demanda asiática tras las represalias de Pekín a Washington por la suba de aranceles a los bienes industriales.

En todo caso, más que esperar el golpe de suerte porque al competidor le va mal habría que hacer mejor los deberes internos para dar el gran salto de competitividad. Y la cadena del maíz tiene todas las posibilidades para lograrlo. Se demostró después de diciembre de 2015 cuando los derechos de exportación se llevaron a cero y se eliminaron los ROE, con los que el gobierno anterior permitió cazar animales dentro del zoológico. (Sin olvidar las “compensaciones” para desacoplar los precios externos de los internos, que terminaron en corrupción y deudas.) Tras esa decisión el área sembrada no deja de crecer, lo mismo que la tecnología invertida en insumos. No hay incentivo mejor para producir que el precio lleno que recibe quien decide invertir en un cultivo.

Ahora, tras el cimbronazo cambiario de 2018, el Gobierno repuso los derechos de exportación en $4 por dólar exportado. Promete volver a llevarlos a cero en 2020, pero en el medio ocurrirá un acontecimiento que en la Argentina se vuelve fundacional: las elecciones presidenciales.

“Hoy hay un riesgo político en la producción de alimentos”, advirtió en el congreso de Maizar Luis Vasconcellos e Souza, de la Confederación Europea de Productores de Maíz (CEPM-Maíz Europa). El productor portugués vio cómo los precios del maíz cayeron 30% en la Unión Europea después del bloqueo de la UE a Rusia tras el conflicto por Crimea. Polonia, principal proveedor ruso, redireccionó sus envíos a la UE y provocó una baja de precios. Ese riesgo político, dijo, también se refleja en las decisiones unilaterales de los gobiernos, como las de Trump con China, que van a contramano de las reglas del comercio multilateral.

Si alguna conclusión dejó el congreso de Maizar es que el país necesita poner el foco en una estrategia que involucre a toda la cadena productiva y a todos los niveles del Estado. Se puede tomar el maíz como cadena que abarca las carnes, los lácteos y la energía. Una mala decisión que se aplica en una parte -como la incertidumbre con el etanol- afecta al resto. Las oportunidades están al alcance de la mano. Más que esperar los golpes de suerte hay que trabajar para aprovecharlos cuando llegan.

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