Las notebooks serán los próximos TransformersTecnología 

Las notebooks serán los próximos Transformers


La ZenBook Duo Pro, con dos pantallas. La segunda parece innecesaria. No lo es. Pero para entenderlo hay que cambiar la manera en que juzgamos a las computadoras personales
1 de junio de 2019  • 00:00

Esta es una idea que se me ocurrió mientras grabábamos la edición de
Señales de esta semana, en la que, de nuevo, aunque esta vez sin arrojarnos sillas, debatimos con Ricardo Sametband la cuestión de la vigencia de las computadoras personales, si las tablets sirven o no, y otras cuestiones por el estilo.

Para los que no oyeron todavía el podcast (no se lo pierdan), explico el contexto. Resulta que Asus (y otras marcas) presentó notebooks con una pantalla táctil adicional entre el teclado y el display principal. En principio, el accesorio parecería ser de una absoluta inutilidad. Pero, mientras charlábamos, imaginé una máquina así en mi estudio MIDI, y esa segunda pantalla podría funcionar como una cinta de control para instrumentos musicales virtuales (o reales, para el caso) muy versátil y potente. Eliminaría así la tablet, que cumple ahora esa función, y podría integrar de forma más eficiente el
DAW, hoy compuesto por dos pantallas, la tablet, tres teclados (de piano, no QWERTY), un par de módulos sintetizadores y la consola de mezcla.

Entonces listé mentalmente otras aplicaciones, como la ilustración, la arquitectura, la animación 3D y el diseño gráfico o industrial, y en cada caso veía un uso muy práctico para esa segunda pantalla.

Se me ocurrió entonces que seguimos pensando a la PC (o su versión portátil, la notebook o la ultrabook) como dispositivos de propósito general. Sí, técnicamente, lo son. Podemos hacer con estos equipos cualquier cosa que se nos ocurra, y son los únicos en los que la industria no ha logrado imponer un corralito como el de Android y, sobre todo, el de Apple. Las computadoras personales son el último reducto de aquella libertad que obtuvimos en 1981, con la IBM/PC, y que se nos escapó de las manos con los smartphones y las tiendas de aplicaciones. Es verdad que todo corralito puede sortearse, pero cerraron sus plataformas de tal modo que hoy esa posibilidad se limita a los expertos.

También intentaron ponerle bozal a la PC, pero fue en vano. En todo caso, el que se trate de una arquitectura abierta en la que se puede usar todo el acervo de software libre sin restricciones no significa que conserve su calificación de dispositivo de propósito general.

El que ha venido a ocupar ese lugar es, obviamente, el smartphone. Por eso no salimos de casa sin él. Más: si lo olvidamos, volvemos sobre nuestros pasos a buscarlo. Pero el smartphone es muy malo para productividad, y en ciertos casos, simplemente, ni siquiera es suficiente. Pero resulta que buena parte de nuestro trabajo tiene que ver con la comunicación; una parte sustancial de lo que llamamos “productividad” es comunicación. Y, en ese sentido, los teléfonos inteligentes, descuellan. Además, ofrecen funciones clave que, salvo excepciones, no están en las notebooks (GPS, sensores de todo tipo). Sobre todo, se ajustan más a las necesidades de la mayoría de los usuarios, y eso los pone más cerca del concepto de propósito general.

Las PC y notebooks son hoy las nuevas workstations, y al cambiar de categoría están experimentando (o podrían experimentar, esa es mi teoría) una transformación bastante radical.

Una de mis ultrabooks tiene un lápiz muy preciso que es fantástico para programas de pintura -como Painter o Krita- y de ilustración vectorial -como Illustrator o Inkscape-; gracias a ese accesorio, que viene de fábrica, se convierte en una herramienta clave para artistas plásticos e ilustradores. Al resto de los usuarios, no le sirve de mucho. Más allá de eso, su presencia es un síntoma importante de esta transformación. Con las PC, usábamos tabletas digitalizadoras. Ahora esa ultrabook es en sí una tableta digitalizadora, y resulta no solo muy práctica, sino una solución más integrada y, por lo tanto, menos costosa.

Es una metamorfosis cuyos resultados resultan bastante impredecibles. Caso claro es un prototipo de Intel, llamado
Honeycomb Glacier, que se despliega para que la pantalla principal quede a la altura de los ojos y la secundaria, justo debajo, en una posición oblicua. Si uno la mira con un poco de malicia es una notebook transformer que puede convertirse no ya en tablet, sino en PC de escritorio. Creo que, a medida que su condición de máquina de productividad orientada a una aplicación en particular se refuerce, veremos cada vez más ejemplos como los de la ZenBook Duo Pro de Asus o la Honeycomb Glacier.

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