Agente del cambio: el plan del cofundador de Facebook para terminar con la pobrezaEconomía 

Agente del cambio: el plan del cofundador de Facebook para terminar con la pobreza


Chris Hughes, exsocio de Mark Zuckerberg, avanza con un programa que busca incrementar los fondos que reciben las familias más humildes; su objetivo es cubrir las necesidades de más de 150 millones de ciudadanos norteamericanos Crédito: Vincent Tullo/The New York Times

En las últimas semanas se multiplicaron los titulares acerca del reciente ensayo de Chris Hughes, cofundador de Facebook, en el que desgranó los peligros que plantea la red social -ahoga la competencia, pone en peligro la privacidad, controla el discurso- urgiendo al gobierno norteamericano a dividir la compañía. Pero la mayoría de las personas está menos familiarizada con el foco de atención más importante de Hughes en los últimos años, su preocupación por la “economía en la que el ganador se queda con todo”, en la que han prosperado compañías como Facebook, y está ansioso por que el Estado tenga también un rol, poniendo más plata en el bolsillo de la gente.

De esos dos esfuerzos, el último es el que está más avanzado. “Los rápidos avances tecnológicos, la globalización y la financiación les están moviendo el piso a la clase media y a los estadounidenses de menores ingresos” escribió Hughes en su libro de 2018
Una oportunidad justa: repensar la desigualdad y como ganamos. “Las mismas fuerzas que permitieron el ascenso de Facebook, Google y Amazon han socavado la estabilidad y las oportunidades económicas que la mayoría de los estadounidenses tienen derecho a esperar”.

A esa lista de fuerzas habría que sumar la declinación de los sindicatos y la marcada disminución de la voz y el poder de los trabajadores, la tercerización del trabajo de todo tipo, la transformación de una economía basada en la manufactura a otra basada en el conocimiento y los servicios y la elevación por las corporaciones estadounidenses de los accionistas por encima de todos los demás interesados, incluyendo los empleados.

Casi la mitad de todos los que ganan un salario hoy reciben menos de 30.000 dólares al año. Hace unas semanas la Reserva Federal norteamericana informó que cuatro de cada diez estadounidenses no tienen 400 dólares para cubrir un gasto de emergencia y 25% de los adultos no jubilados no tienen ahorros ni una pensión a los que recurrir para cuando dejen de trabajar. Pagar lo básico, como el alquiler o los cuidados de salud, genera una tensión enorme para muchos millones aunque tengan empleo.

En campaña

Hughes, que se crio como hijo de un viajante de comercio de una firma papelera en Carolina del Norte antes de ganar una fortuna con Facebook, ha estado tratando de descubrir cómo remediar esta situación desde hace bastante tiempo. En 2016 cofundó una organización sin fines de lucro llamada Proyecto de Seguridad Económica con Natalie Foster y el activista Dorian Warren. Juntos aportan una mezcla de idealismo, política y experiencia práctica para lograr que se hagan cosas. “Somos al mismo tiempo soñadores y gente que hace campaña”, dice Hughes. Su última campaña, que emergió luego de centrarse inicialmente en lograr un ingreso básico garantizado para todos los ciudadanos, se arma en torno a lograr el crédito de impuesto a las ganancias (conocido por la sigla EITC), un programa federal para trabajadores de bajos ingresos que se inició con la administración Nixon.

El año pasado el gobierno federal pagó unos US$63.000 millones bajo el EITC a 25 millones de personas y sus familias, unos US$2500 en promedio. El Proyecto de Seguridad Económica quiere que sea más grande. Mucho más grande. Busca que el EITC cubra a 64 millones de hogares -dos veces y media veces el número actual-, llegando a más de 150 millones de hombres, mujeres y niños. En total se entregarían 2,5 billones de dólares bajo este arreglo a lo largo de 10 años.

Protagonismo

A los beneficiarios del EITC se les pide que hagan lobby para extender su alcance. “Hemos logrado activar las comunidades a las que servimos”, dice Joe Sanberg, fundador de organizaciones como Golden State Opportunity y Working Hero Action. “Se convierten en el catalizador del cambio”.

Un ejemplo es el de Lucy Rincón. Madre soltera de tres hijos, pudo hablar con la esposa del gobernador, Jennifer Siebel Newsom, en un encuentro de Golden State Opportunity en Fresno en marzo pasado. Rincón, que no sabía del EITC hasta este año, le dijo a Newsom cuánto significaron para ella los US$5900 en crédito, dado que solo ganó alrededor de US$9000 en 2018 como asistente de aula y cuidadora de personas de tiempo parcial.

Rincón usó el dinero para comprar una notebook y una nueva cama para sus dos hijas adolescentes. Antes de ello una de las chicas tenía que dormir en el suelo. “Con el subsidio para desocupados solo se recibe dinero”, dice Rincón. “En este caso uno se lo ganó. Trabajé para conseguirlo”.

Rincón no está sola en cuanto a esta visión. El multimillonario Warren Buffet dijo algo similar el mes pasado.

Que ellos y muchos otros compartan esta ética es una razón clave por la que el Proyecto de Seguridad Económica ha visto el EITC -al menos por ahora- como el camino más prometedor para ayudar a aquellos en situación financiera precaria.

Primeros pasos

En sus comienzos, Hughes, Foster y Warren se vieron atraídos por una solución diferente: un sistema en el que el gobierno federal daría a cada persona -no importa lo rico o rica que fuera- un ingreso básico universal (conocido por la sigla IBU) digamos de US$1000 al mes.

Hughes había sido expuesto a este concepto en un contexto internacional como donante y miembro de directorio de GiveDirectly, que envía dinero a africanos orientales que viven en la más abyecta pobreza. Foster se encontró con el IBU cuando buscaba maneras de amortiguar las consecuencias de la automatización y la inteligencia artificial sobre trabajadores vulnerables. Y Warren, cientista político, había rumiado por mucho tiempo la postura de Martin Luther King de proponer un ingreso garantizado como vehículo de justicia social y racial.

Pero al iniciar su actividad, la probabilidad de ver la implementación de un IBU se veía increíblemente lejana. Aunque estudios han indicado que una garantía de ingreso no disuade del trabajo, se vuelve imposible imaginar que Washington apoyaría una transferencia de dinero incondicional, especialmente en momentos en que la administración Trump está tratando de imponer requerimientos laborales para el acceso a los servicios estatales de salud y el subsidio para alimentos a través de estampillas (
food stamps).

“Sí, queríamos explorar las grandes ideas -dice Warren-, pero también queríamos cambiar la vida de la gente lo antes posible”.

La elección del EITC como alternativa no se produjo en un instante. “No hubo un momento de epifanía”, dice Hughes. “No es como trabajamos”. En cambio consultaron con docenas de expertos y eventualmente le vieron virtud a apoyarse en lo que ya sucedía con el código fiscal.

Entre los entusiastas del IBU no todos están contentos con el cambio. “En algunos sectores piensan que somos moderados, que nos vendimos”, reconoce Warren. “No somos puristas”.

Warren y Foster insisten en que el Proyecto de Seguridad Económica no ha abandonado la búsqueda de un ingreso básico. “Un ecosistema saludable tiene gente que piensa en cómo debiera verse el mundo dentro de 10 años y lo que podemos lograr en el mundo hoy”, dice Foster.


Traducción Gabriel Zadunaisky

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