Renato Civelli: “Para muchos pibes, el fútbol es la única salida laboral que les queda”Deportes 

Renato Civelli: “Para muchos pibes, el fútbol es la única salida laboral que les queda”

Hace siete meses, Renato Civelli​ actualizó su cuenta de LinkedIn.

El capitán de Banfield, el zaguero con cara de malo que mira a todos desde arriba, figura en la red de empleo como director en Gontran Cherrier Argentina, una cadena francesa de panaderías que trae al país y que asoma en su cabeza como el salvavidas para el día después. Es que los 17 años de carrera derivaron, entre otras cosas, en una certeza: no quiere seguir ligado al fútbol.

— Explicale a un extranjero cómo es el fútbol argentino.

— Bueno, empezaría por el juego, que es lo más lindo. Creo que estamos en una época en la que se está cambiando la manera de jugar. La grieta llegó hasta el fútbol y se da entre técnicos jóvenes y técnicos viejos. Y no se puede decir qué método es mejor. Hay equipos que intentan jugar cada vez más aunque no necesariamente tienen buenos resultados. El mejor equipo de acá es River y no sé si juega tanto a eso: River no te sale jugando con el arquero. Gallardo entendió bien qué sí y qué no. Después está todo lo que no es el juego. Y hay problemas de pago, hay mucha diferencia entre los clubes grandes y los clubes chicos… El país respira fútbol y todos lo necesitamos. Lo necesitan los políticos, los hinchas, toda la gente. Y es una presión muy grande también.

— ¿En qué notás esa presión?

— Y, por ejemplo, nosotros ahora respiramos un poquito, pero estábamos complicados. Yo soy grande, soy el capitán, y hace meses que siento una responsabilidad muy grande. Acá sabés que Banfield es un club social, con muchas actividades, muchos empleados y que si el club se va a la B hay mucha gente que pierde su trabajo.

— ¿Y te sentís cómodo en el ambiente del fútbol?

— Hay de todo, pero no creo que sea una cuestión del fútbol, el tema es la plata. Y donde hay plata la cosa se pone más complicada. El estereotipo del futbolista es alguien joven, con plata, con orígenes humildes, que le gusta salir con minas, que le gusta la joda. Y no creo que sea así. O si es así también lo es para un empresario joven que tiene guita y que se le vuela un poco la cabeza. Pero el jugador vende. Lo que no se dice tanto es que el fútbol nos ha enseñado responsabilidad, nos ha enseñado a cumplir horarios, a respetar al que manda, el esfuerzo, el cansancio físico, mental. Y eso nos tiene que servir para el día después.

Civelli, en la puerta de la panadería Gontran Cherrier: junto a su hermano Luciano y otros amigos trajeron a Argentina una franquicia francesa. (Constanza Niscovolos)

— ¿Está bien que un pibe a los 20 años pueda ser millonario por el fútbol?

— No lo sé. De lo que sí estoy seguro es de que habría muchos menos jugadores si el fútbol fuera amateur. Y habría muchas menos presiones si fuese amateur. Es la eterna discusión: ¿cómo un jugador puede ganar más que un bombero, un médico o un maestro de escuela? Si te lo ponés a pensar habrá que echarle la culpa al capitalismo. Es así. Es oferta y demanda. No creo que esté mal, porque ¿cuántos son los que quedan en el camino por cada pibe que llega a Primera? Es más difícil llegar a jugar al fútbol que ser ingeniero, periodista o lo que vos quieras. Hay muchos pibes que no tienen la posibilidad de estudiar y para muchos pibes el fútbol es la única salida laboral que les queda.

— ¿Eso se ve en inferiores?

— Es que cuando sos chico no querés jugar por la plata, vos soñás con hacer un gol en Primera contra River o contra Boca. Pero lo ves con los padres, ahí sí: los gritos, la presión. O cuando juega la Reserva: en un partido normal no hay nadie, y cuando viene Boca o River tenés 40 representantes dando vueltas.

— ¿Y qué les decís a los pibes?

— Soy bastante hinchapelotas, les hablo mucho. Y les hablo para tratar de mejorarlos, no soy de esos jugadores que se quieren ganar la amistad. Nunca quise ser el viejo bueno, el viejo cool. Soy más bien el viejo ortiva. Tampoco me cabe lo que pasaba antes, que los experimentados del equipo meaban a los pibes y les hacían pagar derecho de piso. No, eso no va. Pero me parece que tenemos la responsabilidad de transmitirles a los pibes las cosas que nos han pasado a nosotros. Y no mentirles, no engañarlos. La verdad es que te escuchan poco, pero bueno…

— El asunto es que el futbolista vive rodeado de gente cool.

— Es así. Lo hablábamos con Isra (Damonte) que dice que el futbolista está acostumbrado a patear y que nos corran el arco para que la pelota entre al ángulo. Y es verdad. Entonces cuando dejamos de jugar nos cuesta muchísimo. Nosotros venimos a la concentración y está la cama hecha, la comida servida, el utilero te deja la ropita doblada, le pedís algo y va… Cuando se termina todo esto es jodido. Es muy jodido.

— ¿Y a vos cómo te pega esta recta final?

— Creo que me ayudó el no creérmela. Al mismo tiempo digo que si me la hubiera creído un poco más quizá habría hecho una mejor carrera. Si hubiera aspirado a ser el mejor… Pero bueno, perdés calidad de vida. Esto es un mix entre lo deportivo, lo familiar y lo económico. Ahora me estoy preparando para el día después, para el segundo tiempo, como dice Enrique Portnoy, un consultor con el que charlé bastante.

— ¿Cuándo te das cuenta de que no querés jugar más?

— Cuando te empiezan a hinchar las pelotas cosas que antes no te hinchaban las pelotas. En Europa por ejemplo llegó el día en que empecé a extrañar, y te cansás de todo, de la música, del rap ese de los negros que te machaca la cabeza y no lo querés escuchar nunca más. Estuve 10 años chocho, feliz. Y acá ahora me empieza a pasar lo mismo. No tiene la culpa el resto; soy yo. Aceptar decisiones de los técnicos o de los dirigentes con las que no estás de acuerdo y las tenés que acatar igual, los compañeros, la relación laboral, que a veces decís “por qué me tengo que fumar lo que hace este tipo”. Fueron casi 17 años. Y al mismo tiempo todos te dicen “cuando te retires te vas a arrepentir”. Pero creo que estoy preparado para dejar.

— ¿Por qué los jugadores se involucran poco en las problemáticas sociales?

— Es que a vos la gente te quiere y tenés repercusión por lo que hacés jugando al fútbol. No queremos exponernos tampoco. Yo creo que puedo hablar de otros temas, pero después pasa como el caso de Maradona, que creemos que puede hablar de todo. Y yo no sé si es así. En la corta, con amigos, está todo bien, pero salir a hablar de temas sensibles y sin estar formados no sé si corresponde. Y hay otra cosa, ojo que no dejamos de ser empleados, eh. Ganamos muy bien pero somos empleados y en un país tercermundista. Si a mí el día de mañana viene el presidente (sic) y me dice: “Mirá Renato, yo no quiero que hables más de política porque vos estás apoyando a tal y a mí la Municipalidad me banca”, ¿yo qué le voy a decir?

— En ese sistema también ocurre que si reclamás lo que te deben te transformás en un mercenario.

— Y es terrible. Porque encima hay quita de puntos. Entonces los dirigentes vienen y te hacen firmar adendas para patear para adelante las deudas. Y si no firmás las adendas sos un hijo de puta. Yo sé que no es fácil, estamos en un país en el que todo está mal, pero cansa. Y que te digan mercenario es una locura, pero está perdido, la sociedad no lo va a entender nunca. Y a la vez entiendo que no lo entiendan. Porque un tipo que gana 30 mil, 40 mil pesos no puede entender que uno que gana 200 mil se queje porque no le pagan un mes.

— ¿Los jugadores pueden hacer echar a un técnico?

— Como poder, pueden. Pero eso se ve. Y es muy difícil. Porque si el técnico ve eso no te pone y generalmente el que juega banca al técnico y el que no juega no banca al técnico. Y la verdad, salir a jugar para no ganar… Se tiene que notar mucho. Puede haber pasado con 2 o 3 jugadores, pero un equipo completo no creo. El tema es la semana, el cómo preparás un partido con un técnico que te hincha las pelotas.

— ¿Nunca jugaste un partido arreglado?

— Depende, un empate sí, es más fácil. Eso lo haría mil veces. Si a los dos equipos les conviene, me parece bárbaro, por qué no lo vas a hacer. Aquel Banfield-Central (NdR: 0-0 en 2003) yo lo viví en Reserva. No se jugó al fútbol. Y está bien. ¡Sabés lo que es irse a la B! Y con los árbitros yo creo que pasa. No es porque sean ellos los sucios y nosotros los limpios. Es porque tenés que arreglar una persona o arreglar 11. Yo de los árbitros me he enterado. El partido con Nacional de Montevideo en Uruguay (por el repechaje a la Libertadores 2018) estaba puesto.

En el mano a mano con Clarín, el capitán de Banfield analizó lo bueno y lo malo del ambiente del fútbol. (Constanza Niscovolos)

— ¿Pegaste alguna vez de mala leche?

— No sé si de mala leche, pero que he pegado con intención sí, muchas veces. Se me sale la cadena en el momento. Pero es normal: si estás jugando, te estás cagando a manotazos, a puteadas, y te pego una patada… ¿Eso es mala leche? ¿Qué esperabas, que te acaricie? En Turquía menos mal que no había VAR: le pegué tres piñas en la costilla a uno que casi lo mato. Lamentablemente nos criamos con la idea de que en la cancha vale todo y que hay que hacer cualquier cosa para ganar. Y yo lo hago. No tendría que ser así. Pero bueno, me transformo. Y cuando me veo me da vergüenza.

De la cancha a la panadería

Pensando en el día después del fútbol, en ese “segundo tiempo” -el concepto que trabajó con un consultor para hacer más sencillo el salto-, Renato ya tiene una nueva seducción: la panadería.

Junto con su hermano y ex futbolista, Luciano, más otros amigos decidieron traer a la Argentina una conocida franquicia de panadería y confitería francesa. Para eso importaron los hornos, las harinas y ya está instalado en Palermo el primer local de Gontran Cherrier.

“Me gusta formar un equipo en el que me sienta cómodo. Estar ahí, trabajar. En el fútbol vos muchas veces no elegís con quién trabajás: entrás a un equipo y tenés que convivir con los que te toca. Acá tengo la posibilidad de elegir, de trabajar con mi hermano, con otro amigo de Pehuajó que se vino, y eso me sedujo. Me gusta tratar con gente, esa sería la parte de ser director técnico que me gusta; pero todo lo demás no. Y siento que no lo necesito. Muchos han dicho lo mismo y después de cinco años tuvieron que volver. Ojalá que no me pase. No creo, no me gusta”, avisa Renato.

El local, con espacios para desayunar, merendar y hasta una amplia terraza para disfrutar del after office, está ubicado en Malabia y Costa Rica frente a la Plaza Armenia, en Palermo. Y planean instalar cinco puntos de venta en los próximos tres años.

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