Análisis de Bloomberg | El impuesto a la riqueza no reduce la desigualdad socialEconomía 

Análisis de Bloomberg | El impuesto a la riqueza no reduce la desigualdad social

Leonid Bershidski

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El mayor problema con los impuestos a la riqueza, en el centro de las discusiones de política económica este año, no es tanto que sean difíciles de recolectar ni que potencialmente generen una fuga de capitales. El problema es que no alcanzan su objetivo establecido de reducir la desigualdad.

Las propuestas de un impuesto a la riqueza de los candidatos presidenciales estadounidenses Elizabeth Warren y Bernie Sanders son síntomas de un renovado interés en la idea de imponer aranceles no solo a los ingresos, sino a las fortunas. El argumento probablemente más puro para esta idea fue planteado este año por el economista francés Thomas Piketty en su nuevo libro: Capital e Ideología. La idea de Piketty es usar una tributación confiscatoria para eliminar la propiedad permanente; ni siquiera los progresistas estadounidenses han ido tan lejos.

La experiencia europea demuestra que los recibos por impuesto a la riqueza suelen ser decepcionantemente bajos: esos impuestos son notoriamente difíciles de administrar y recolectar. Es por eso que la mayoría de los países que probaron estos impuestos —más de 20 en 1985— los abandonaron (Francia fue el último en 2017). Los cuatro países europeos que todavía los usan —Suiza, España, Noruega y Bélgica— no obtienen muchos ingresos de ellos.

Suiza tiene el mayor nivel de ingresos, con 1,1% de la producción económica en 2018. Allí, el impuesto a la riqueza varía de 0,3% a 1% del valor neto y afecta a los residentes de clase media, no solo a los ricos. Dado su nivel superior de generación de ingresos, Edward Wolff, de la Universidad de Nueva York, escogió el modelo suizo para proyectarlo a EE.UU. en un artículo recién publicado.

Wolff estableció el umbral de riqueza para las parejas casadas en el que empezaría a aplicar el impuesto en US$121.000, aproximadamente el promedio de los diferentes niveles en los cantones suizos, y la tasa tributaria progresiva en entre 0,05% y 0,3%.

Con base en estas condiciones, 44,3% de los hogares estadounidenses habrían pagado el impuesto en 2016, y se habría recaudado US$189.300 millones al año: 1% de la producción económica de 2016 y aproximadamente 10,5% de los ingresos por el impuesto a la renta federal.

Desde una perspectiva política, tendría que compararse con el efecto colateral de aumentar los impuestos a 15% de los hogares estadounidenses en más de US$500. Además, el impuesto no sería muy efectivo para reducir la desigualdad. Luego de su introducción, el coeficiente Gini de EE.UU. para el valor neto en 2016, 0,883, habría caído de manera insignificante a 0,8828.

Eso es una consecuencia directa de los ingresos relativamente pequeños que generaría el impuesto: simplemente no le daría al gobierno mucho dinero para redistribuir.

Los cálculos de Wolff tampoco se basan en la propuesta tributaria de la senadora Elizabeth Warren, que tiene más en común con la expropiación a los ricos al estilo de Piketty que con el modelo suizo, el cual obliga a las personas a compartir incluso si sus ingresos son pequeños.

Desde una perspectiva de obtener votos, un impuesto como ese sería más fácil de justificar, ya que solo 0,7% de los hogares estadounidenses lo pagaría. Además, representaría casi 60% más ingresos que el impuesto al estilo suizo, aproximadamente US$303.000 millones. Pero el coeficiente Gini para el valor neto apenas caería a 0,8825.

Los coeficientes Gini basados en los ingresos tampoco caerían notoriamente si se implementa los impuestos a la riqueza al estilo Warren o al estilo suizo.

En otras palabras, desplumar a los ricos no haría mucho para reducir la desigualdad. Los ingresos recaudados deben repartirse entre muchas personas. Pese a todas las estadísticas de concentración de la riqueza que a Piketty y los economistas y políticos de ideas similares les gusta lanzar, ni los ricos por sí solos, ni los ricos más la clase media, son lo suficientemente adinerados para subsidiar a todos los que sean más pobres bajo ningún esquema tributario remotamente factible en el ámbito político.

La razón por la que los países europeos abandonaron en gran medida los impuestos a la riqueza es que optaron por impuestos a la renta y al alto consumo muy progresistas (el valor mínimo del IVA en la Unión Europea es 15%, pero el promedio es casi 22%). No solo son más fáciles de recolectar: también generan mayores ingresos para los gobiernos, ayudándolos a controlar la desigualdad de ingresos (algo que todos los países europeos en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos hacen mejor que EE.UU.). Aunque las propuestas de los impuestos a la riqueza sean más llamativas, simplemente no son tan efectivas.

(*) El autor es un periodista ruso con sede en Berlín para Bloomberg News.


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