Personalizar ayuda a entender los problemas y a darles una soluciónEconomía 

Personalizar ayuda a entender los problemas y a darles una solución

22 de diciembre de 2019  

¿Qué tal si en vez de hablar de la importancia de aumentar las exportaciones hablamos de lo que tiene que ocurrir para que los seres humanos que producen, transportan y venden en el exterior productos fabricados en el país aumenten su nivel de actividad? ¿Qué tal si en vez de hablar de reducir la pobreza hablamos de lo que tiene que ocurrir para que los ingresos de algunos compatriotas superen determinada cifra? Entenderíamos mucho mejor lo que nos está ocurriendo, incrementando las chances de resolver algunos problemas.

Al respecto entrevisté al francés Maurice Félix Charles Allais (1911-2010), cuyo padre luchó en la Primera Guerra Mundial, cayó prisionero y murió en cautiverio, un dramático episodio que marcó al hijo por el resto de su vida. Estudió en la Escuela Politécnica, en la Escuela Nacional Superior de Minas, e ingeniería en la Universidad de París. Entre 1948 y 1980 enseñó economía en la Escuela de Minas, contando entre sus alumnos a Marcel Paul Boiteaux, Gerard Debreu y Edmond Camile Malinvaud. Cuando en 1988 recibió el premio Nobel en economía, el Comité Nobel reconoció que Allais había plantado los cimientos de la escuela económica francesa de posguerra. Al respecto, Paul Anthony Samuelson fue categórico: “Si hubiera escrito en inglés sus primeros trabajos, una generación completa de teoría económica hubiera seguido un rumbo distinto”.

-Además, según Rose Friedman, usted era un fantástico anfitrión.

-Así es. En las memorias que de manera conjunta publicó con su marido, dijo lo siguiente: “Una experiencia inolvidable, de naturaleza diferente, fue el almuerzo que Milton y yo tuvimos con Allais en su departamento. En ese momento era soltero y estaba acostumbrado a lo que calificaba como un almuerzo francés. Ni Milton ni yo habíamos participado alguna vez de una comida como esa, ni lo volvimos a hacer. No recuerdo cuántas variedades de vino fueron servidas, pero sí recuerdo el resultado. Mi cabeza me daba vueltas al final de la comida, que era la hora en que tenía que recoger a los niños en la escuela. No sé cómo hice para conseguir el taxi, ir a la escuela y llegar a casa. Pero sé que en cuanto llegué a casa, dormí hasta el día siguiente. Fue la mejor pastilla para dormir que tomé”.

-La paradoja con la cual se asocia a su apellido es uno de los antecedentes pioneros de la denominada economía del comportamiento. ¿En qué consiste?

-Cuando leí
La teoría de los juegos, que en 1944 publicaron John von Neumann y Oskar Morgenstern, su ecuación básica de comportamiento, que deriva de maximizar la utilidad esperada, según el planteo que Daniel Bernoulli había formulado en 1738, me pareció totalmente incompatible con las conclusiones a las que yo había arribado en 1936, intentando definir una estrategia razonable para un juego con repetición, con expectativa matemática positiva. Esto me llevó a diseñar algunos contraejemplos, uno de los cuales, formulado en 1952, se volvió famoso como “la paradoja de Allais”.

-¿Podría ser más claro?

-Sin entrar en detalles técnicos, le digo lo siguiente. Enfrenté a muchas personas con dos situaciones, digamos A y B, cada una de las cuales planteaba costos y beneficios, con determinadas probabilidades de ocurrencia. Una vez que habían elegido, les planteaba las situaciones C y D, diseñadas de tal manera que quien prefería A a B, siguiendo a Bernoulli, debía preferir C a D. Para mi sorpresa, una significativa cantidad de las personas que habían preferido A a B, preferían D a C.

-¿Cuál es su explicación?

-Ocurre que prestarle atención exclusivamente a la ganancia esperada en cada alternativa implica ignorar un elemento psicológico básico frente al riesgo: el de la distribución de la utilidad alrededor de su expectativa matemática. La paradoja no se reduce a un mero contraejemplo, de valor puramente anecdótico, basado en errores de juicio; la paradoja solo es tal en apariencia y corresponde sencillamente a una realidad psicológica muy profunda, la preferencia por la seguridad hasta el punto de la certeza.

-Demasiada matemática, demasiada econometría, demasiadas planillas excel. A muchos economistas ¿no les estará esto impidiendo ver el bosque?

-Los economistas, como los religiosos, los deportistas y los artistas, constituyen un conjunto heterogéneo. No hay gráficos ni ecuaciones, y mucho menos estimaciones econométricas, en
La riqueza de las naciones de Adam Smith, o en los
Principios de economía política y tributación, de David Ricardo. Pero hoy es impensable cursar estudios en economía sin determinado conocimiento matemático.

-Entiendo, pero me pregunto: ¿no nos habremos ido al otro extremo?

-Puede ser. En todo caso, conectar la teoría con lo que se vive es el rol principal de los profesores que enseñan, tanto al comienzo como al final de la carrera. Ello, para evitar que los alumnos disocien el análisis económico de lo que está ocurriendo en las calles, las fábricas, los campos y los hospitales; y también para que aprendan a aplicar lo que aprendieron a lo largo de la carrera a los desafíos concretos.

-Sobre esto último, mi experiencia me dice que la personalización del análisis ayuda mucho.

-Estoy de acuerdo. A la oficina del consultor, como al despacho del ministro no acuden los problemas sino seres humanos frustrados. Ejemplos: no acude “la desocupación”, sino mujeres y hombres que buscan trabajo y no encuentran; no acuden “las quiebras”, sino seres humanos que con sus ingresos no cubren sus gastos. La tarea del consultor, como la del ministro, consiste en identificar qué parte de todo lo que estudió le ayuda a entender el problema, y cómo adecúa los principios generales al caso que tiene que resolver.

-¿Solo eso?

-No es poco, pero imaginando adónde apunta usted, agrego que -valga la redundancia-, estando la decisión humana en manos de seres humanos y no de robots, resulta crucial incorporar al análisis y, por consiguiente, a las políticas públicas, el hecho de que cuando toman decisiones, los seres humanos no solamente razonan, sino que también se preguntan si una política o un gobierno son creíbles o no, qué posición adoptan frente al riesgo y la incertidumbre, etcétera.

-Deme un ejemplo.

-Diseñar e implementar una política económica que ignora el rol que los incentivos y los desincentivos tienen sobre los seres humanos, es una invitación al fracaso. Si el terror funcionara mejor que los incentivos, en 1989 el Muro de Berlín habría caído, pero para el otro lado. La personalización es útil porque cada funcionario, antes de llevar adelante una política, debería mirarse al espejo y responder el siguiente interrogante: “¿Compraría yo esta política que le estoy intentando vender a mis compatriotas?”. Si la propuesta no pasa este simple test, no debería ser llevada a la práctica.

-Don Maurice, muchas gracias.

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