Sara Guerschanik Calvo: “Si EE.UU. sube la tasa, entramos de nuevo en los problemas de balanza de pagos”Economía 

Sara Guerschanik Calvo: “Si EE.UU. sube la tasa, entramos de nuevo en los problemas de balanza de pagos”


Sara Guerschanik

ARGENTINOS EN EL MUNDO. Estudió la licenciatura en Química en la UBA y luego se fue a trabajar como investigadoraa Estados Unidos. Allá realizó un máster en Ciencias de la Educación en New York Universityy años después cursó el doctorado en Economía en Columbia University. Durante 18 años trabajó en el Banco Mundial, y desde 2007, es investigadora y profesora en la Universidad de Columbia.

Sara Guerschanik Calvo hizo la licenciatura en Química en la UBA y después realizó un master en Ciencias de la Educación en New York University. Pero la economía se cruzó en su camino cuando conoció al economista Guillermo Calvo, hoy su marido. Y se decidió por hacer el doctorado en Columbia University.

“Me empezó a fascinar cuando nos vinimos un año a Buenos Aires y nos pasábamos todo el tiempo en la Universidad del CEMA analizando la situación económica con Leonardo (Pepe) Auernheimer, Roque Fernández, Rolf Mantel, Pedro Pou, Larry Sjaastad y Carlos Rodríguez. Cuando volvimos a Estados Unidos me anoté en el programa de Columbia”, cuenta. Cuando se recibió, entró al Banco Mundial, donde estuvo 18 años y llegó a ser Economista jefe para los países andinos.

-¿Cuando comenzó a mirar en detalle la incidencia del precio de los commodities y de las tasas de interés internacionales en las políticas internas de los países de América Latina?

-Mis estudios comienzan habiendo visto lo que pasó en México en 1994; hubo una crisis que se desató por un aumento de tasas de interés de Estados Unidos. En el caso de Bolivia, que seguí por muchos años por estar en el Banco Mundial, vi algo similar. Este es un país que a través de los años ha dependido de la ayuda externa y del precio del zinc, de la soja y más recientemente, del gas. En los años 90 Bolivia fue el país líder de la región en lo que respecta a reformas. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) aplaudían a Bolivia y la presentaban como un ejemplo a seguir. De repente, en 1998 se desaceleró su crecimiento totalmente: pasó de una tasa promedio de 6% durante 7 años a una de 2%. Los bolivianos decían que el neoliberalismo no había funcionado. Ahí fue cuando Evo Morales empezó a tomar protagonismo. Había mucha curiosidad y mucha intriga de por qué se había desacelerado el país. El gobierno de Bolivia tenía un problema de credibilidad. Si bien estaba entrando capital asociado a las privatizaciones, por otro canal estaba saliendo. En 2002, la salida total de capitales había llegado a cerca del 8% del PBI. Se reflejaba en gran medida en errores y omisiones de la balanza de pagos. Esta es una variable que no todos miran. El presidente del Banco Central me decía que no podía ser. Pasaron los años y cuando vino como profesor visitante a Columbia, lo admitió. Mi contribución a Bolivia fue decirles que estaban pasando por un shock externo asociado a la crisis rusa. Fue lo que hoy llamamos un
sudden stop o frenazo de capitales, que se tradujo en falta de crédito doméstico y en desaceleración de la economía.

-¿Cuánto se vio beneficiado Evo Morales como presidente con la suba de los precios de los commodities?

-Evo asumió en 2006, en pleno boom de los precios, y aumentó las regalías del gas de 10% a 50%. Tuvo ocho años de boom sostenido. Los bolivianos fueron muy prudentes en el manejo de la macro. Usaron bien los nuevos recursos del gas hasta donde llegaron, construyeron una represa e hicieron un cable carril muy necesitado. Creo que la propia restricción de gente con capacidad de administrar recursos del Estado fue lo que hizo que no malgastaran mucha la plata. En 2015 cayeron el precio del gas y los recursos del Estado, creando los desequilibrios fiscales que hoy enfrenta Bolivia.

-Se habla de que los países de la región ampliaron el gasto público del Estado durante el boom de las commodities. ¿Hubo algún país que haya administrado bien ese capital extra?

-Siempre mencionamos el caso de Chile, con el fondo anticíclico. Chile tenía ese fondo desde hacía varios años, y durante la crisis de Lehman Brothers, en 2008, lo usó para mitigar el shock. Creo que sin el fondo anticíclico la caída de la economía podría haber sido mucho peor. Otro país que usó bien la bonanza es Perú. Ecuador, no tanto, y por eso está sufriendo; hoy su situación es muy similar a la de Bolivia. En la Argentina tampoco se ahorró nada. Para Chile no fue fácil establecer ese fondo de estabilización. Al entonces ministro de Hacienda, Andrés Velasco, le tiraban tomates porque se opuso a gastar la bonanza del cobre.

-¿Por qué es difícil implementar esa buena administración?

-Es muy difícil porque son países que tienen muchas necesidades sociales. Pero la bonanza no dura para siempre. Entonces, si se gastan los recursos en uno o dos años, después se vuelve a lo mismo.

-Está estudiando lo que ocurrió económicamente en la presidencia de Arturo Frondizi. ¿De qué se trata la investigación?

-Decidí estudiar el caso de Frondizi por las mismas razones anteriores. Los estudios de América Latina se han hecho con un enfoque doméstico, sin pensar mucho en la influencia de los factores externos. Se dice que la época de oro de América Latina de los años 60 y hasta principios de los 70 fue el resultado de la intervención del Estado; esa es un poco la visión de la Cepal. Hubo un efecto positivo de la intervención del Estado, pero tuvo mucho que ver también lo que pasaba en el resto del mundo. En “la batalla del petróleo”, Frondizi cambió de idea y dejó entrar la inversión extranjera directa al país para poder producirlo. En 1956, el cierre del Canal de Suez dejó a Europa sin petróleo y a Estados Unidos con un exceso de oferta. Casi se va a una guerra, surgiendo la necesidad de diversificar las fuentes de producción para las compañías extranjeras que operaban en el cercano Oriente. El primer lugar en el que pensaron fue Venezuela, pero había habido un golpe de Estado ahí y, entonces, consideraron a la Argentina. En este caso se dieron dos cosas: los incentivos que ofreció el gobierno, como seguro de cambio y entrada de importaciones sin aranceles para ciertos sectores, y el hecho de que no había oportunidades interesantes de inversión en el resto del mundo.

-Entonces, pareciera que fue una buena lectura geopolítica de Frondizi.

-Sí. Y al mismo tiempo había controles de tasas de interés en Estados Unidos, lo que generó un período de mucha liquidez global. Parte de eso se vino al sur, aumentando la oferta de crédito doméstico y creando un boom de consumo, en particular en el sector automotriz. De repente, este crédito desapareció por una combinación de eventos externos, involucrando también a Inglaterra y otros países. Todos los incentivos dieron resultados positivos durante dos años. Pero por un cambio de política en distintos lugares del mundo, la economía argentina se frenó afectando a todos los sectores ligados por esa liquidez grande que había en el mundo.

-En 2016 y 2017, la Argentina también se benefició de las tasas de interés bajas, pero apenas las aumentaron se desató la crisis de la balanza de pagos. ¿Por qué cree que se vuelven a cometer los mismos errores?

-Ahí entra la política. Si uno hace un cambio de políticas económicas y ve resultados positivos, la primera reacción es decir: “es mi política”. Nadie admitirá que había un ambiente global favorable. Entonces, no se preparan para un shock negativo. Por eso se repiten esas situaciones. Entra a jugar el político orgulloso y no el político precavido. Le pasó a Domingo Cavallo [exministro de Economía] en los 90, cuando pensó que todo el éxito que había tenido con la convertibilidad había sido solo resultado de sus políticas. Pero se dio en un período de tasas de interés muy bajas en Estados Unidos y una entrada de capitales enorme en toda América Latina, como lo muestra el
paper de 1993 de Calvo, Leiderman y Reinhart. Hay un trabajo más reciente de Helen Rey, de 2013, que concluye que la política monetaria de EE.UU. afecta a todo el mundo.

-Estados Unidos volvió a bajar las tasas en el último año y ahora comienza a haber preocupación porque los inversores no encuentran retornos positivos. ¿Qué puede ocurrir?

-Las tasas de interés en los países avanzados son negativas o muy bajas. Y hay fondos que buscan fuentes de inversión con tasas más altas. Los bancos, al mismo tiempo, están sujetos a regulaciones que no les permiten dar crédito como antes. Entonces, la válvula de escape es el
shadow banking, el sistema financiero no bancario al que no le afectan dichas regulaciones. Este incluye a los
hedge funds [fondos de inversión] y firmas de
private equity [capital de inversión]. Todos, de alguna manera u otra, están involucrados en procesos de securitización [los créditos se transforman en títulos que se pueden comprar y vender en el mercado] con la participación de muchos intermediarios. Si Estados Unidos decide que hay un riesgo de inflación, subirá la tasa de interés y ahí entramos de nuevo en los problemas de balanza de pagos que tuvimos hace unos años. Ese es el riesgo. Con respecto a cómo puede afectar a la región, es muy difícil decir, porque hasta el momento teníamos nuestras estrellas, que eran Chile y Colombia. No sé lo que pasará. Creo que si viene capital, será de muy corto plazo. No hay otras regiones atractivas, entonces siempre existe ese riesgo.

-¿Lo que ocurre en Chile es por la caída del precio del cobre y la suba de tasas de interés, o es algo externo que ni el fondo contracíclico puede contener?

-Esto va mucho más allá del contexto internacional. No conozco en detalle la situación, pero sí puedo decir que la gente se endeudó mucho durante períodos de bonanza. Los estudiantes, por ejemplo, se endeudaron para pagar sus carreras universitarias. Al caer de repente el precio del cobre, muchos quedaron sin posibilidades de trabajo y con altas deudas. Esto pudo haber generado un malestar en la sociedad, que ya venía molesta. Pero hay que separar el manejo de la política macroeconómica. En Chile lo han hecho muy bien y no debería haber dudas al respecto.

-Usted hablaba del caso de Frondizi y los beneficios fiscales a las empresas petroleras. Ahora en la Argentina se está discute dar beneficios para desarrollar Vaca Muerta. ¿Podría generarse la misma situación?

-La Argentina está muy necesitada de ahorro externo y no sé qué les ofrecerán a potenciales inversores. En los 60, el seguro de cambio hizo aumentar el gasto fiscal de la Argentina, y la entrada de las importaciones se hacía con pago diferido, a 6 o 12 meses. Eso era una deuda, que en un clima de falta de credibilidad, como el de Frondizi, era muy vulnerable a shocks externos. Nuevamente hablamos de situaciones de
sudden stop, donde una devaluación, de repente, hace más alta la deuda externa. Incentivos que parecen buenos en el momento, si no se acompañan con cláusulas contingentes tomando en cuenta que el entorno global se puede dar vuelta, terminan mal.

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