Margarita Perkins, tradiciones y cultura de una mujer de campoEconomía 

Margarita Perkins, tradiciones y cultura de una mujer de campo


Margarita Perkins, rodeada por sus hijas Paula Marín,Tina Anchorena y Maggie Marin

No podía dejar pasar estos días sin dedicarle unas líneas de sentida admiración, reconocimiento y afecto a Margarita Perkins, cuando alcanzó los 90 años, el 24 de julio pasado. Es también de algún modo el homenaje a una de las siete hermanas mujeres, que como las definiera la nacion hace casi dos décadas eran “empresarias que, solas o apoyadas en sus familiares, planifican campañas agrícolas o ganaderas y analizan con solvencia posibilidades productivas, asumiendo que son las responsables últimas de los resultados, sean buenos o malos”.

Esta responsabilidad viene seguramente de la formación recibida de sus padres Carlos Perkins y Carmen Peers, que a un conocido le dijeron en una oportunidad en la casa de la calle Ocampo en Palermo Chico, si mal no recuerdo, que a sus hijos primero les enseñaba “el culto del trabajo y de la responsabilidad, con la posibilidad de equivocarse desde ya, pero de manera responsable”.

Pussy, como es conocida popular y familiarmente, recibió un pedazo de la vieja y mítia estancia familiar “El 29” a la muerte de su padre en Vedia, bautizada como “El Carmen”. Entre esa propiedad y su casa en San Isidro, la que fuera de Luis Vernet el gobernador militar de las Islas Malvinas pasa sus días, rodeada de recuerdos que ha atesorado en sus múltiples viajes por el país. Verdaderas excursiones culturales donde, como la que hizo hace unos pocos años al norte de nuestro país y llegó hasta Bolivia, no dejó de maravillarse con la arquitectura, la historia, las piezas coloniales y, además, visitó a los artesanos, tejedoras y a los que cultivan el folklore y las tradiciones de aquellos pueblos originarios, comprando algunos de sus maravillosos productos.

Pussy es además una reconocida criadora de caballos de las razas Árabe y Petiso Argentino. La hemos visto feliz todos los años en la tribuna de Palermo, viendo ahora a sus nietos y algún bisnieto desfilar con magníficos emprendados y ponchos de singular valor.

De muchacha en “El 29” no faltaban los coches de caballos. Ella fue junto a sus hermanas una de las que revivió esas atadas y así, hasta hace poco, competía en ellas y además fue una de las promotoras del Club Argentino del Carruaje, cuya comisión supo presidir.

Las especies autóctonas, árboles o animales, la tienen entre sus más notables defensoras. Cuando presidió la Asociación de Amigos del Museo Pueyrredon no dejó de velar por el patrimonio histórico de la antigua chacra, pero nos inculcó a los que la acompañamos en esa comisión la necesidad de defender no sólo el histórico algarrobo debajo del cual San Martín y el dueño de casa, trataron el plan de la expedición argentino- chilena al Perú, sino también en preservar las numerosas especies de la barranca refugio también de aves que cada vez se veían menos en las ciudades modernas.

Esta pandemia impidió que Pussy celebrara este aniversario con sus hijas Maggie y Paula Marín y Ernestina Anchorena, nietos, parientes y amigos, con alguna guitarra o un acordeón siempre invitado, pero quedan sin duda en estas líneas casi a modo festivo como un homenaje a la “cumpleañera” el recuerdo de los muchos que la admiramos y queremos.

A modo de confesión personal, le pedí que escriba sus “memorias”, las andanzas de una vida tan rica. Ella me dijo que poco tiene que contar, pero seguro la mayoría de los que la conocemos deseamos ese tesoro que es parte de la historia del campo argentino, de la tradición y de un patriotismo cabal de esta señora en el campo y en la ciudad.

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