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Luis Scola: el hilo conductor de la selección argentina y la estadística que más lo gratifica a través del tiempo

TOKIO.- Luis Scola encarna la línea constante de la selección argentina de básquetbol a través del tiempo; es el hilo conductor personificado de un dulce relato de dos décadas, con resultados muchas veces memorables. El hombre sigue batallando a sus 41 años: convirtió 23 puntos –máximo anotador del partido- en la victoria por 97-77 sobre Japón, que significó el acceso a los cuartos de final por quinta vez consecutiva en los Juegos Olímpicos, un registro que ratifica a la Argentina en la elite.

Es cierto: todo le cuesta a este seleccionado, porque en Tokio 2020 intenta remendar desajustes sobre la marcha. Claramente, no es el mismo del subcampeonato del Mundial de China 2019 y la pasó mal ante Eslovenia y España. Pero antes del durísimo desafío que le espera frente a Australia (martes, a las 9 de nuestro país), puede jactarse de seguir ocupando un puesto de privilegio en el mundo de la pelota anaranjada.

“Hay un montón de equipos que no están acá”, avisa tajante Scola, mirando a los ojos. Y cita a Lituania, Serbia, Canadá y Brasil, cuatro seleccionados de excelente nivel que, por uno u otro motivo, observan desde afuera a la máxima cita de este deporte. La carrera del capitán es tan increíble que abarca dos generaciones completas de jugadores. Todavía con edad de Sub 20, su debut en la selección mayor se dio en el Preolímpico de Puerto Rico 1999. En aquel torneo vivió una buena y una mala: brilló de manera individual y se perfiló como gran promesa, pero el equipo no consiguió clasificarse para Sydney 2000.

Scola ante el japonés Rui Hachimura; la Argentina sacó adelante el partido e ingresó a cuartosTHOMAS COEX – AFP

La Argentina había desaparecido del mapa basquetbolístico por décadas: muy atrás en el tiempo aparecían el título del Mundial de 1950 y las semifinales de los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952. Tuvieron que transcurrir nada menos que diez citas olímpicas para que la selección reapareciera en Atlanta ‘96 (9°). En el medio, el desierto. Y después del nuevo bache de Sydney, llegó lo mejor y lo más conocido: la gloria de Atenas 2004, el bronce de Pekín 2008, un podio que se escapó por poco en Londres 2012 ante Rusia (4°) y el octavo puesto en Río 2016.

Pararse hoy frente a Scola es descubrir a un atleta que verdaderamente empieza a disfrutar de estos Juegos. Su rostro luce más relajado, habla de manera más elocuente y el movimiento de sus manos acompañan sus descripciones. Se sacó un peso de encima, después de una tortuosa primera rueda: “Significa mucho haber conseguido la quinta clasificación consecutiva a cuartos de final en Juegos Olímpicos, porque cuando nos jugamos la chance de llegar a Sydney 2000 y no lo logramos, o cuando fuimos al Mundial de Indianápolis 2002, nuestro objetivo era ubicarnos entre los ocho primeros. En ese momento no sabíamos que terminaríamos luchando en los Juegos”.

04 – Argentina recupera en defensa; luego, un triple

Luifa habla con la autoridad de quien vivió todo desde adentro, al compás de aquella Generación Dorada hipertalentosa y como escudo protector de este grupo más reciente de jugadores, que demuestran unidad y el mismo espíritu competitivo del pasado: “Esta lucha data de hace 20 años pero seguimos acá, a lo largo del tiempo. No me olvido desde dónde empezamos, a partir de aquella búsqueda de figurar en el top 8 del mundo. No es que tengamos que celebrarlo como una medalla, pero debemos estar contentos, es una buena situación. Y todavía no terminamos”.

Sergio Hernández convive día a día con su guardián del equipo, lo conoce de memoria dentro y fuera de la cancha, pero no escapa de su fascinación: volvió a sorprenderse con su actuación ante Japón. Sucedió que Scola apareció justo en la conferencia de prensa cuando el entrenador abundaba en elogios para con él: “Es ridículo, no sé, tiene 41 años… Pero sí, en realidad lo sé: es un trabajador, no para nunca, creo que no ha parado un día en los últimos 25 años, incluyendo cuando termina cada temporada. En ese momento es cuando sigue trabajando con su entrenador personal. Lleva 20 años exigiéndose y nos llevó a lugares increíbles, como a la final del último Mundial”, recordó Oveja.

El entrenador en jefe de Argentina, Sergio Hernández, reacciona durante el juego de la ronda preliminar de baloncesto masculino contra Eslovenia en los Juegos Olímpicos de Verano de 2020, el lunes 26 de julio de 2021, en Saitama, Japón.Charlie Neibergall – AP

El entrenador apeló una vez más a su honestidad brutal, asociada con Scola: “No somos el segundo mejor equipo del mundo; yo lo sé y todo el mundo lo sabe, pero Luis se desafía todo el tiempo. Estados Unidos es el mejor equipo de todos, aunque él dice: ‘Vamos a verlo’. Empuja y exige al equipo en todo momento, también me exige a mí. Yo no sería el mismo entrenador sin él”.

La Villa Olímpica es el ámbito en donde Scola se revitaliza al lado de muchachos que son 10 o 15 años más jóvenes que él. “Son buenos chicos, juegan bien, son divertidos, son mis amigos, mis compañeros, disfruto y me dan energía cada día, me presionan, los intento presionar también, para mí es muy especial estar con este grupo”. El ex jugador de la NBA, que paseó además su juego por las ligas de España, China e Italia, insiste con la idea del progreso de hormiga que experimentan a cada minuto en Tokio 2020: “Lo más importante, más allá de la clasificación, es que somos mejores cada día. Vemos una tendencia en crecimiento y queremos mantenerla, buscamos ser mejores al siguiente partido y tenemos opciones. Nos estamos fortaleciendo”.

Finalizó la zona de grupos y comienzan estos cuartos de final tan valiosos para la Argentina. ¿Arranca un nuevo torneo? Para Scola no, se trata de encarar un desafío similar: “Son partidos de eliminación, vamos a jugar lo mismo pero con otros equipos, solo es cuestión de ganar”. Hernández se permite ir un poco más allá: “Tenemos que concentrarnos y usar la experiencia de los tres partidos anteriores para ser mejores y debemos jugar con nuestra identidad”.

Scola se afloja, parece flotar en el aire desatendiendo su veteranía. Pero el nuevo semblante abarca también a los Campazzo, a los Laprovíttola, a los Delía: sonrientes, esperanzados. Y dispuestos a pensar que no hay imposibles, aunque conscientes de que las estadísticas deben mejorar ostensiblemente para seguir en carrera.

La radiografía del próximo rival

Australia, que fue cuarto en el último Mundial de China, es favorito en el cruce con la Argentina. Está en mejor estado de forma y posee una variedad de recursos notable. Otra vez se estará frente a un rival que supera ampliamente en talla a la Argentina. Para empezar, cuenta con cinco jugadores de la NBA. El líder es Patty Mills, excompañero de Manu Ginóbili en los Spurs. Joe Ingles, de Utah, es otra figura destacada, buen anotador y gran pasador; Matisse Thybulle, de Philadelphia, es un excelente especialista defensivo y con un despliegue atlético superior. La presencia de Dante Exum (Cleveland), es menos decisiva, pero también tiene al ex NBA Matthew Dellavedova, un base con mucha experiencia.

Sin el lesionado Aron Baynes (lesionado), su juego interior baja notablemente de categoría, pero no por eso es menos temible. Lo sustituirán Duop Reath (2,10m, de Estrella Roja de Serbia) y Jock Landale (2,11m, de Melbourne United). Es un equipo que maneja bien los conceptos generales del juego, con buena destreza física y muchas vías de gol. En un amistoso en Las Vegas, hace 20 días, los australianos vencieron al equipo de Sergio Hernández por 87-84 gracias a un triple de Mills en el último segundo del partido. Dentro de las posibilidades, parece el mejor cruce que podía tener la Argentina: es un equipo al que puede acomodar su juego si levanta su rendimiento y vuelve al nivel que tenía en China 2019.

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