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Arde Troya (la odisea de Máximo K, parte II)

Retomemos el tono mitológico de la semana pasada, cuando en este mismo espacio hablábamos de “La odisea de Máximo Kirchner: si arde Troya será su talón de Aquiles”. Digamos, entonces, que los troyanos bonaerenses aceptaron el caballo regalado sin mirarle los dientes y arde Troya, nomás.

La Casa Rosada está en llamas. Todavía no se llegan a cuantificar los daños de la inesperada derrota de anoche en la estratégica provincia de Buenos Aires (como en la mayor parte del país), y ya empiezan a volar los reproches cual lanzas envenenadas.

Los blancos predilectos son dos: primero Alberto Fernández, obvio, porque es el más expuesto y fue quien impuso a la candidata cabeza de lista; y, segundo, La Cámpora con Máximo a la cabeza. Claro que si algún beneficio tiene ser Presidente, es que su bote es el último que se sacrifica. Por ahora, las exigencias de cambios drásticos en el gabinete para radicalizar la gestión provienen de los sectores más ultras y marginales del kirchnerismo. Así que la gran incógnita del imprescindible replanteo que se inicia en el Frente de Todos es cómo se va a rearticular la fallida estrategia territorial encabezada por el primogénito de Cristina.

(No es que Sergio Massa quede afuera del pase de facturas, si hasta se perdió en Tigre. Sólo que, como tercera pata de la coalición gobernante, puso menos carne en el asador).

Desde el sacudido submundo camporista se trata de alivianar la mochila poniendo un ojo en los intendentes conurbanos, que, por lo visto, al menos en ésta quedaron pagando, sin descartar la idea más conspirativa de que algunos hayan querido hacer escuchar sus resistencias a la invasión camporista flexibilizando sus lealtades electorales. Nadie carga las tintas en Axel Kicillof, señal de que no se tomaron muy en serio su liderazgo provincial.

En la columna de Máximo, Troya y Aquiles, hablábamos de que los principales contendientes de estas PASO son, a la vez, quienes más interesados se vienen mostrando en entablar nuevas reglas de juego para un sistema político capaz de dejar atrás la confrontación como único lenguaje oficial y entrar en una etapa caracterizada por el diálogo y los consensos. Hablábamos, particularmente, de las líneas tendidas por Massa y Máximo con Horacio Rodríguez Larreta, que termina siendo el gran ganador de este domingo 12 de septiembre, Diego Santilli mediante. No deja de ser “la mejor Troya posible” que el caballo y los ardores los ponga un amigo.

Sin embargo, el día después de una mala elección no sería el más adecuado para esa clase de consuelos. El oficialismo tiene por delante el mayor desafío político de estos dos años, porque ha puesto en juego su dignidad, tanto en las urnas como en la búsqueda de un acuerdo provechoso con el Fondo Monetario Internacional. Más que en los votos, hoy deberían poner el foco en recuperar, antes que nada, la compostura.

por Edi Zunino

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