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Orsini gritó su primer gol en Boca y se ilusiona con dejar atrás un tendal de complicaciones

Estoy meado por un elefante. Desde que llegué a Boca todo se hizo cuesta arriba, la lesión, tuve chances, estuve cerca. Necesito el gol. No me da igual no convertir. Las situaciones están, el gol ya va a venir”. Con un poco de bronca, resignación y esperanza, Nicolás Orsini​ hizo catarsis después de la clasificación a semifinales de la Copa Argentina, el miércoles pasado ante Patronato de Paraná en Santiago del Estero.

Y se sacó la mufa. Iban 20 minutos del segundo tiempo, recibió el pase de Cristian Pavón de frente al arco y definió con un remate cruzado que superó el esfuerzo del uruguayo Leonardo Burián. El ex Lanús gritó con alma y vida su primer gol con la camiseta Xeneize, en su octavo partido.

Tras el partido, el delantero compartió su felicidad. “Estoy feliz principalmente por el equipo, porque hicimos un gran partido. Además, satisfecho y contento porque se abrió el arco y pude convertir mi primer gol con esta camiseta”, expresó, y confesó: “Sufrí un poco porque pegó en el palo pero por suerte entró”.

El gol es el alimento principal de los delanteros y Orsini lo sabe bien. Por eso, con tranquilidad, explicó cómo se sentía ante la sequía: “No es una cuestión de falta de confianza, uno tiene situaciones siendo delantero, siendo el nueve, y es importante estar ahí. A veces le pegás con el tobillo y entra y a veces le pegás bien y te la saca el arquero” . Y completó: “Es un puesto complicado, cuando entran todas estás allá arriba y cuando no entran estás medio complicado. Disfruto de hacer gol, lo necesito, y gracias a Dios entró”.

Se viene un partido clave y el delantero también contó las expectativas para el próximo domingo ante River Plate, en el Monumental. “Es importante que el equipo vaya sumando confianza y puntos. Esperemos no decaer. Tenemos un partido muy importante por delante y esperemos lograr los tres puntos”.

Orsini grita el gol en una Bombonera vacía por última vez antes del regreso del público. Foto ALEJANDRO PAGNI / AFP

Hasta el encuentro ante Colón, Orsini había estado solamente 263 minutos en cancha, con tres partidos como titular y otras cuatro ingresando desde el banco.

El problema del delantero comenzó en la pretemporada, cuando sufrió un choque que le provocó un edema y posteriormente un coágulo que dificultó el normal movimiento de la articulación. La sinovitis postraumática tuvo una lenta evolución y estuvo tres semanas tratando de recuperar su mejor forma.

Pero recién volvió después de 45 días entre el choque con Atlético Mineiro por la Copa Libertadores, el 20 de julio, y el de Rosario Central por el torneo, el 4 de septiembre. Recuperó la titularidad ante Atlético Tucumán y también estuvo de entrada frente a Patronato. Le faltaba el gol. Y finalmente llegó.

Además, dejó una buena reflexión: “El fútbol no es un juego para individualidades, por eso me voy contento con el rendimiento del equipo”. Y se fue, esperanzado con que, ahora que se le abrió el arco, comience una racha positiva. Qué mejor para continuarla que su primer Superclásico.

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