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Invento argentino contra el Covid: por qué ahora caen los casos y crece la ilusión frente a la Delta

La coincidencia de dos cifras es sugerente y significativa. Argentina ha logrado aplicar hasta el momento 21 millones de esquemas completos de vacunas contra el Covid. Al mismo tiempo, se estima que el total de recuperados de la infección no sería en realidad 5,1 millones de personas, como indican los registros oficiales, sino casi -vaya casualidad- 21 millones.

¿Por qué? Para los expertos, la altísima positividad durante toda la pandemia en nuestro país -por encima del 30 por ciento- es indicador de que habría habido muchos más casos de los que pudieron reflejar los partes cotidianos. ¿Cuántos más? Es difícil determinarlo, pero el consenso entre los expertos indica que habría que multiplicar al menos por cuatro la cifra admitida.

Esto conferiría a los argentinos una inmunidad natural que pocos países del mundo tienen. No se trata de una virtud, sino más bien de una debilidad que ha costado muy caro en la segunda ola, pero que podría convertirse en fortaleza de cara a la potencial tercera ola de Covid. Esto es: habría habido tantos casos de coronavirus por millón de habitantes -y tantas muertes- que ahora los ecos de ese descontrol podrían funcionar como escudo protector.

Estudios internacionales sugieren que la tasa de reinfección por coronavirus es muy baja. Si bien las mediciones son anteriores a la variante Delta, esas investigaciones la ubican en el orden del 0,67 por ciento de los convalecientes. Esto hablaría de una fuerte inmunidad post Covid. La tasa de reinfección, sin embargo, sería mayor en los adultos mayores que en jóvenes.

Pero el tetris se acomoda: la gente de mayor edad es que posee los esquemas de vacunación completos casi en su totalidad. La población argentina que aún carece de la segundas dosis se ubica en general por debajo de los 50 años. Sin embargo, muchos de ellos habrían superado el Covid en algún momento de la pandemia sin haberse percatado.

Obviamente, si se diera por válido que en la Argentina hay 21 millones de convalecientes, muchos de ellos tendrían dos dosis de vacuna y el resto, al menos una. Luego están los menores de 18 años, que recién ahora se empiezan a vacunar, pero eventualmente han sido más proclives a haber cursado la enfermedad de manera asintomática.

Todo lo cual habla de un escenario de cierto optimismo inmunitario, traducido en el franco descenso de casos durante los últimos meses. Cómo explicar, si no, que en el momento de mayor apertura de actividades la cantidad de contagios siga en baja y la positividad se mantenga por debajo del 5 por ciento. El dato más reciente de la última semana: el promedio nacional fue de 1.595 casos por día.

Al mismo tiempo, ese escenario genera la ilusión de que la variante Delta tenga un menor impacto en estas latitudes del que alcanzó en Europa y Estados Unidos. Dicho con otras palabras: Argentina podría estar densamente “curtida” contra el Covid para enfrentar el próximo desafío. Aunque, claro, nunca está dicha la última palabra.

La aceleración de las segundas dosis ha sido clave: fueron 7 millones aplicadas en agosto y en septiembre -al ritmo actual- se superará la marca de los 8 millones, con lo que más de 15 millones de personas habrán completado sus esquemas en el último bimestre. De todos modos, la población con dos dosis sigue siendo baja: 47 por ciento.

Por otra parte, Argentina ha vacunado tarde, y esto es otra debilidad que se transformaría en fortaleza: los inmunizados tienen ahora una mayor cantidad de anticuerpos que si hubieran recibido el pinchazo hace seis meses. Obviamente, no es la identificación de una virtud planificada, sino la consecuencia potencialmente beneficiosa de un déficit previo y letal.

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Coronavirus en la Argentina

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Fuente: Ministerio de Salud | Johns Hopkins Infografía: Clarín

Una ventaja argentina frente a algunos países del primer mundo -en este caso el atributo no es el resultado inmediato de una carencia anterior- es la fuerte adherencia de la población a las vacunas. Eso le ha permitido construir una inmunidad robusta, sin bolsones antivacunas vírgenes y susceptibles frente al Covid, que alimentan la circulación del virus y multiplican las chances de que aparezcan nuevas y más peligrosas variantes.

En ese contexto, Argentina se encuentra hoy con un stock superior a los 18 millones de vacunas sin aplicar, entre las que el Gobierno nacional conserva en sus depósitos y las que ya ha distribuido en las provincias. Como se ha dicho en oportunidades anteriores, ahora no es tan importante la cantidad de dosis disponibles como su marca, a fin de poder completar los esquemas pendientes de Sputnik V y AstraZeneca.

Octubre será un mes clave. Se espera que las dosis de Pfizer empiecen a llegar en cantidad y las provincias escalen en la vacunación de los adolescentes, población a la que Argentina le adeuda inmunidad vacunal. A esto se agrega que el laboratorio estadounidense pedirá autorización para aplicar la vacuna a chicos desde los 5 años, lo que aumentaría la cobertura en un futuro no muy lejano.

Frente a este panorama y con el volumen actual de vacunas que esperan millones de brazos ávidos, llama la atención que la ministra Carla Vizzotti haya suspendido este lunes la posibilidad de aplicar terceras dosis para lo que queda de 2021. El 31 de agosto había dicho que el Gobierno evaluaría en noviembre la posibilidad de hacerlo. La volatilidad de su postura, paradójicamente, crece a medida que los viales que aterrizan en Ezeiza se acumulan.

PS

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