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Los Moyano se suman a una CGT unida, que busca mostrarse fuerte ante el Gobierno y La Cámpora

Tras años de desconfianzas y acusaciones mutuas, finalmente los Moyano se encaminan a sumarse a una CGT unida y que busca mostrarse fuerte ante el Gobierno y La Cámpora.

La decisión del moyanismo de regresar a la central obrera se terminó de cerrar en un par de reuniones en las últimas dos semanas -una en la sede de Camioneros y la otra en UPCN-, en las que se acordó que una de las secretarías de la nueva conducción colegiada será para ese sector.

Pablo Moyano, hijo mayor del jefe camionero y número dos del gremio, asoma como número puesto, aunque aún no fue oficializado.

La conducción de la CGT con el Presidente, en Olivos el año pasado.

Es más: la semana pasada, en su acto de asunción como nuevo jefe de la Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT), el ferroviario Sergio Sasia reclamó que el “conductor de la CGT” sea Pablo Moyano.

En la poderosa CATT -la integran todos los gremios del transporte, es decir los que inciden en el éxito o el fracaso de un paro general– los Moyano tallan muy fuerte.

El congreso normalizador y de elección de autoridades de la CGT está convocado para el jueves 11 de noviembre, tres días de las elecciones legislativas. Lo conversado hasta ahora es que la conducción seguirá siendo colegiada.

Los tres co secretarios generales serían, aparte de Pablo Moyano, Héctor Daer y el metalúrgico Antonio Caló. No se descarta, sin embargo, que esa conducción pueda tener cuatro miembros en vez de tres: aun deben cerrarse las negociaciones con el sector que responde a Luis Barrionuevo.

“No vamos a tener a Luis en rebeldía por un puesto. No tendría sentido”, razonan en la mesa chica cegetista.

Hay un ingrediente extra a tener en cuenta. Que a último momento se decida que una mujer también forme esa conducción colegiada. “Sería muy importante”, admite un sindicalista que está en la mesa de negociaciones. Y agrega que el único “inamovible” de los nombres que suenan es el de Daer.

Una CGT que se siente ninguneada

La decisión de avanzar hacia la unidad obedece a un combo de circunstancias, pero sobre todo al deslucido papel político que tiene la CGT en los últimos años.

Uno de los detonantes fue la marginación casi total de sindicalistas de las listas del Frente de Todos.

“Ni concejales nos dieron”, aun se queja un directivo cegetista.

En la CGT no consideran tropa propia a los sindicalistas que Cristina Kirchner incorporó en las boletas del FdT, como el bancario Sergio Palazzo, el curtidor Walter Correa y la judicial Vanesa Siley.

Otro factor es la nula participación de la central obrera en las decisiones del Gobierno. Se enteran de casi todo a través de los medios de comunicación, y eso que algunos dirigentes sindicales tienen muy buena llegada personal a algunos ministros e incluso a Alberto Fernández.

Pero lo que terminó de “aceitar” -ese es el término que se escucha en la CGT- las relaciones entre las diferentes facciones sindicales fueron las declaraciones de dirigentes de Juntos por el Cambio sobre modificaciones en los convenios colectivos y en el sistema de indemnizaciones.

El resultado en las PASO, que dejó a la oposición con altas chances de llegar al Gobierno en 2023, apuraron esos reacomodamientos.

Ya el lunes que viene habrá una puesta en escena, simbólica pero poderosa, de cómo la CGT busca mostrarse de acá para adelante. Será en la marcha por el Día de la Lealtad, donde existe un compromiso entre los gremios de movilizar a más de 100.000 personas.

Los gremios más importantes, como Camioneros, la UOCRA, UPCN y la UOM pondrían en la calle a unas 20.000 personas cada uno.

Será una marcha, sin concentración ni oradores. Las columnas pasarán frente al monumento Canto al Trabajo, en Paseo Colón e Independencia, donde estarán solo las imagenes del general Perón y Evita.

Durante la manifestación se difundirá un documento en el que trabajó el líder de la UOCRA, Gerardo Martínez, y que ya tuvo el OK del resto de los popes sindicales.

Un dirigente que tuvo acceso a ese documento contó que el texto hace hincapié en la producción, el desarrollo y el trabajo y que plantea la necesidad de que el Estado tenga protagonismo, aunque “en su justa dimensión”. Suena a dardo envenenado dirigido contra La Cámpora.

“Se debe dialogar con la capacidad instalada, como la AEA (Asociación Empresaria Argentina) y la UIA”, plantean en la conducción cegetista.

En la CGT buscan ganar el protagonismo que perdieron en los gobiernos de Cristina Kirchner y que, supusieron mal, recuperarían en la administración de Alberto Fernández.

Nueva etapa

Desde lo político, pretenden recuperar el músculo político que los gremios tuvieron con las 62 organizaciones.

“Nos ningunearon desde el Gobierno y el kirchnerismo, pero también es cierto que cometimos errores propios y hubo una perdida de autoridad por parte de la CGT”, señala un dirigente de peso.

Ahí es a donde apuntarán en la etapa que viene. A hacerse fuertes.

“Pero ser fuertes para reclamar y gritar no alcanza. Lo que queremos es ser consultados y tener poder de decisión en la gestión del Gobierno”, subraya un sindicalista de buen diálogo con todos los sectores.

Alberto Fernández con Hugo y Pablo Moyano, en agosto de 2019.

Otro cegetista agrega: “La fortaleza que nos dará la unidad va a abrir lugares en la mesa de decisiones. Después de la derrota en las PASO, ni Cristina ni Máximo Kirchner ni Axel Kicillof están en posición de resistir lo que reclamamos”.

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