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El clima empresario quedó “congelado” en Idea

En un sector privado que atraviesa realidades heterogéneas de pronto una noticia que nació en la secretaría de Comercio voló a Costa Salguero y dejó inmóviles a los empresarios. Desde ese momento el clima se “congeló” al compás del pedido de congelamiento de precios del Gobierno.

Y esa sensación de que las cosas pueden empeorar, a la luz de un Gobierno que da señales de radicalización en algunos funcionarios como Roberto Feletti y la incorporación de Débora Giorgi, se incrementó en el almuerzo de los CEO.La comida que se está realizando ahora no tuvo un speaker como otras veces pero se fueron sumando, además de los principales empresarios, los ex ministros Dante Sica y Hernán Lacunza. Las caras de sorpresas se multiplicaron al ver también en el lugar a los ministros Julián Domínguez y Daniel Filmus, y el candidato a diputado nacional por el Frente de Todos, Daniel Arroyo.

“¿Cuánto vale la palabra del Presidente?”, se preguntaba a propósito otro empresario que hacía foco en la pérdida de credibilidad y en las disputas en la coalición oficial.

Un supermercadista de los líderes y un ejecutivo de una bodega de gran alcance recurrían a la viaje frase: alea jacta est (la suerte ya está echada), Otros aseguraron que los márgenes son casi neutros en un mundo en el que los precios de insumos y fletes están en alza y que les va a ser difícil cumplir con el pedido.

Antonio Aracre, presidente de la china Syngenta para América del Sur, parecía lejano a esas preocupaciones ante una producción agropecuaria que vaticina con bríos. Pero advierte la importancia de un acuerdo con el FMI, “una hoja de ruta para la previsibilidad, una credencial para obtener créditos”. Lo mismo sostuvo Marcelo Figueiras, el dueño de los laboratorios Richmond: “Generará certidumbre, nos hace falta”.

Pese a estar en un sector que genera divisas como el campo, Aracre apuntó que si no hay estabilidad macroeconómica la generación de empleo es una utopía. Y se mostró inquieto por los conflictos internos de la coalición de gobierno.

Distintos son los problemas para Claudio Da Cunha, que traído desde Fortaleza, Brasil, es el nuevo CEO de la dueña de Edesur. Da Cunha comentó que emplean a 15.000 personas pero un horizonte de tarifas con dos años de congelamiento, salvo un ajuste de 9% frente a una inflación que en los últimos dos años acumuló 100%. “Estamos a la espera de la segmentación de tarifas en una industria que es inversión intensiva”, señaló al recordar que no hay país en el mundo que aplique estas políticas.

A su lado, en el inmenso salón de Costa Salguero salpicado por mesas con distintos colores en función de los protocolos para el aforo, un petrolero comentaba que el barril de petróleo a US$ 80 y el gas que se llegó a pagar a US$ 50 el millón de BTU están mejorando la situación de quienes extraen en la Argentina y complicando a los que venden. Se cree que YPF, cuyo único ingreso es el surtidor, no podrá contener demasiado tiempo los aumentos de combustibles. “En Europa van a pasar frío este invierno, las tarifas se dispararon”, siguió el petrolero.

Claudio Cesario, titular de ABA, que nuclea a los bancos de capital extranjero, soltó que a diferencia de otras crisis, los depósitos si bien se hacen a plazos más cortos siguen en los bancos tanto en pesos como en dólares. Precisamente la definición del ministro Guzmán, que no habría salto brusco en el precio del dólar, motivó a otros asistentes a comentar que si se repite con el FMI lo que pasó con los acreedores privados, es decir demorar la negociación, “al salto del dólar lo producirá el mercado”.

Ejecutivos de tarjetas de crédito comentaron que se empieza a notar la platita en el bolsillo de la gente ya que volvieron a utilizarse las tarjetas de crédito. “¿Será tendencia?”, disparaban al rematar que si no se ordena la macro, difícil será invertir y crear empleo.

Ya en el almuerzo Lacunza insistió en el drama laboral con juicios sin sentencia que llegan a casi 285.000 que son el 5% de la fuerza productiva. El ex ministro insistió en que no había más espacio para la hipocresía cuando el 28% de los trabajadores mantiene al resto.

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