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La serie Esto no es un hotel propone un atractivo cambio de rol entre madre e hija

“Engañar es un verbo vintage, mamá”, dice Juana en uno de los primeros episodios. Su madre, Julia, le responde sin dudar un segundo: “No, es milenario”. Ese diálogo es un buen resumen del espíritu de Esto no es un hotel, la ficción coproducida por Flow y UN3, el canal de la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

La serie, con guión de Dana Crosa y dirección de Andrés Proaño Mattioli y la propia Crosa, viene de participar en el prestigioso Canneseries, el festival de series de Cannes.

La producción argentina, que tiene ocho episodios de poco más de 10 minutos, bucea en la vida de Juana (Dana Crosa) y su mamá Julia (Mara Bestelli). El punto de inicio de la historia es la separación de la madre de un vínculo bastante nocivo y la búsqueda de refugio en la casa de su hija: un departamento de 55 metros cuadrados en el que convivirán a lo largo de casi toda la historia.

La ficción de la UN3 está escrita, codirigida y protagnizada por Crosa, en el rol de Juana.

El mundo del cine y de las series está lleno de historias que exploran el complejo vínculo materno-filial. De todas formas, acá el foco no está puesto sólo ahí, sino, principalmente, en las nuevas formas de vincularnos.

Por un lado, está la madre, aterida de soledad después de una separación. Por el otro, la hija y su generación de veintipocos, que intenta escapar del mandato y navega entre el poliamor, las parejas abiertas y otros intentos por fuera de los esquemas tradicionales.

La convivencia forzada de madre e hija las obligará a estar muy cerca y a poner en tensión las dos “verdades”. “Yo sigo creyendo en el amor. El mundo es otro. El mundo cambió y yo me quedo afuera. Ahora hay que ser moderno, dormir cama afuera, aceptar la infidelidad y ser infiel”, dice Julia.

“Estamos intentando otra forma de vincularnos”, argumenta su hija, que tampoco proclama esos vínculos como un lecho de rosas.

Los episodios están cargados de un humor sin estridencias y funcionan a raíz de la buena química de Crosa y Bestelli, que se llevan buena parte de las escenas. Además, salvo algunas viñetas de actores hablando a cámara que resultan poco consistentes, la serie evita la solemnidad.

La serie aborda, con humor y sutilezas, todo tipo de vínculos, más alla del maternal.

En su guión, Crosa no busca la verdad de su generación por sobre la de personas de la edad de sus padres. Confronta ideas, las pone en tensión y cuestiona. “Me vengo preguntando por qué en un vínculo que se autoproclama libre me vengo sintiendo muy mal. ¿A qué carajo le llamamos libertad?”, dice en un pasaje de la serie.

En uno de los episodios, Juana le dice a su mamá: “Cuando seas grande, vas a entender lo que te digo”. No sólo es graciosa por el evidente cambio de roles. También pone en cuestionamiento las múltiples formas de querernos.

¿Qué generación puede adjudicarse la verdad sobre los vínculos? ¿Quién tiene la “posta” sobre cómo armar un “nosotros” saludable? La serie deja flotando esas preguntas sin dejar de hablar del cuidado del otro y rendir homenaje a la relación madre e hija.

Ficha

Calificación: Buena

Comedia dramática Protagonistas: Dana Crosa y Mara Bestelli Creación: Dana Crosa Emisión: Canal UN3 y Flow. Duración: ocho episodios de diez minutos.

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