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Barreras urbanas: una carrera de obstáculos

¿Para quién se construyen las ciudades? ¿Son aptas para ser transitadas por todos? Las veredas, los edificios, el acceso a lugares públicos parecen pensados para quienes se movilizan sin dificultades.

Redacción El Diario | [email protected]

La ciudad puede ser un circuito de carrera de obstáculos, algunos lugares se transforman en trampas mortales, en muchos sitios se levantan barreras infranqueables.

El diseño de las ciudades suele ser hecho en base a un modelo de transeúnte típico que dista de las personas reales que deambulan por las calles. Muchos espacios urbanos están habilitados como si todo el mundo fuese joven, sin limitaciones en el andar, con los cinco sentidos disponibles y atentos.

Hay problemas de diseño urbano (faltan rampas y sobran escaleras, pozos en las aceras sin señalización), pero también desidia de los vecinos (coches atravesados en las veredas, carteles, canteros).

Las barreras urbanas se levantan una tras otras y dificultan la circulación por la ciudad.

Veredas detonadas

Damián Reca es ciego, pero eso no lo detiene para desarrollar sus actividades. Diariamente camina por Paraná y conoce sus veredas, sus calles y también sus barreras.

“Ando mucho por acá y otras ciudades. En todos lados el panorama es similar: la gente no toma conciencia de la cantidad de porquerías que deja en la vereda obstaculizando el paso no solo a personas ciegas sino a la gente en general. No se habla de barreras para un tipo de personas sino para todos”, aclara Damián en diálogo con EL DIARIO.

En este tema, la responsabilidad no es solo del Estado, sino también de los vecinos: “Pasa con el comerciante que deja cajones de verduras en la vereda, el que señaliza mal una obra en construcción y le pone las cintas de peligro que no son legales. Entonces, cuando uno viene con el bastón se enreda con la cinta o termina caído en un pozo, porque no está vallado. Los bares no respetan los espacios por donde uno debería caminar”.

Como ejemplo, Damián señaló el piso podotáctil que hay en la peatonal y en otras veredas de la ciudad (son las baldosas con un tipo de vainilla que se perciben al caminar y que marcan un camino recto): “Yo no lo uso mucho porque siempre dejan cosas en el camino. No cumple con la función que debería cumplir que es que la persona camine tranquila sabiendo que ahí no va a haber nada. Son baldosas con una textura diferente y supuestamente sobre esas baldosas no debería haber nada para que las personas con discapacidad visual circule tranquila”. También, advirtió sobre un riesgo al que se enfrentan las personas con discapacidad visual frente a nuevos diseños urbanos: “En la parte nueva de la vereda de la Plaza San Miguel, no hay diferencia entre el piso de vereda y la calle. Ayer, iba por ahí y no me detuve a tiempo, cuando me frené ya estaba en la calle. Eso pasó también cuando hicieron el ensanche de calle Corrientes enfrente a la Catedral, en el mandapeatón”.

Pero el principal problema que debe enfrentar son las veredas de la ciudad, y Damián lo dice claramente: “Están detonadas y eso que yo me muevo en la zona céntrica. Sé que fuera de los bulevares es peor. Hay muchos lugares en que es insalvable por los desniveles que tiene la ciudad. Hay casas que están un metro más arriba que la de al lado, y entonces hay escalones. Tal vez una persona ciega no tiene tantos problemas, pero pienso en una mamá que va con un cochecito o una persona en silla de ruedas, tiene que bajar a la calle sí o sí con todos los problemas que eso significa”.

Cuando se le preguntó sobre si ha tenido caídas a causa de esos obstáculos respondió: “He tenido miles de accidentes acá en Paraná. Tuve uno hace un tiempo que me caí en La Santiagueña  por una baranda que faltaba. La repusieron después a los cinco meses. Después, en calle 25 de Mayo. Cuando se rompe un caño y hacen un pozo, a veces le ponen una cinta de peligro cruzada con algún palo, pero por lo general no la tocás y terminás cayéndote en el pozo. La ciudad está bastante hecha pedazos y es bastante dificultoso para andar. Yo no me quedo quieto en casa y sí sé que no es fácil andar en Paraná”.

Pero esas caídas no amilanan a Damián: “Hay personas que el primer accidente las paraliza, sobre todo las que han perdido hace poco la visión y están empezando a moverse. No es fácil. Cuando te accidentás se produce una gran conmoción en la cabeza. No les pasa a todos pero cuando les pasa suele tener un retroceso en la rehabilitación. Generalmente, terminan dependiendo de otra persona, pero la idea es tener autonomía”.

Adultos mayores

“Los espacios deben estar en función de las necesidades de las personas que lo habitan”, advierte Norma Alonso, psicóloga especializada en Gerontología. Es que no sólo quienes tienen alguna discapacidad enfrentan los obstáculos urbanos.

“Paraná quedó atrasada porque creció mucho en poco tiempo, con muchos vehículos y en su trazado tuvo siempre veredas y calles angostas. Esto trae enormes dificultades en el desplazamiento”, describió. Y luego puso como ejemplo: “Los comerciantes han tomado la costumbre de poner pizarrones e inclusive macetas en veredas de poco más de un metro. ¿Cómo hace para caminar una mamá con un niño en brazos y con un bolso colgado del hombro, una persona con dos o tres paquetes? ¿O una persona que se tenga desplazar en una silla de ruedas, o con un bastón o con un trípode. Tenemos que hacer una ciudad que sea para todos los habitantes y nuestra ciudad hace mucho que atrasa en muchos sentidos”.

Con esa idea se refirió al diseño de algunas calles transversales a la peatonal San Martín: “Nunca debió haberse hecho las semipeatonales, con canteros inmensos que ocupan la mitad de la vereda, con plantas que han crecido y molestan al caminar”. Pero también hizo referencia a las aceras: “En los países más avanzados del mundo, las veredas son todas de cemento, no hay veredas con baldosas, porque después cuando se rompen es difícil reponerlas. Las veredas son todas de un cemento duro y uno se desplaza con facilidad. Hay gente que se enloquece con parquizar las veredas y pone canteros. Más allá que las transforman en garajes. Todo eso hay que repensarlo. Debe ser obligatorio que haya un espacio de 1,5 metros para desplazamiento”.

Transporte

“La población de adultos mayores crece y hablamos de la necesidad de autonomía para que puedan mantenerse más saludables”, resalta Alonso. Por ello es tan necesario garantizar la accesibilidad a los espacios públicos y la circulación.

“Contamos con edificios públicos que son hermosos, pero muchos de ellos no son accesibles para todos. Se ha avanzado mucho para que las personas con alguna limitación en su capacidad motora puedan educarse, trabajar, sociabilizar, pero la ciudad se tiene que acomodar a ello. No tienen que ser solo palabras sino que se debe trabajar para llevarlo a la práctica”, remarca la psicóloga.

Y se detuvo a analizar un tema fundamental, como es el transporte urbano: “En todas las ciudades, las paradas de colectivos están a mitad de cuadra, no en las esquinas. Porque en las esquinas, el colectivo detenido obstruye el ángulo de visibilidad de las calles. Los colectiveros deben parar cerca de la vereda. Ninguna embarazada o persona mayor se puede tirar al piso para bajar. Hacen falta escalones móviles, como hay en otros países donde los colectivos se arriman a las plataformas. Esa es la accesibilidad que deben garantizar las empresas de colectivos”.

“Hay mucha ignorancia y egoísmo”

Exequiel Holzhacker es un joven paranaense que en 2018 sufrió un accidente mientras participaba de un proyecto solidario. Como consecuencia, perdió la movilidad de sus piernas y debe usar una silla de ruedas.

“Los principales obstáculos para las personas con discapacidad que están en sillas de ruedas sin dudas son la falta de rampas y las veredas en mal estado”, afirma en diálogo con EL DIARIO.

Días atrás, Exequiel fue recibido por el intendente Adán Bahl luego que publicara en sus redes sociales un reclamo por falta de rampas de acceso en la ciudad.

“Me prometieron que antes de enero iban a empezar a realizar las rampas, aunque sea en el centro que es donde más se necesitan, aunque se necesitan en toda la ciudad. Pero más en el microcentro que es donde uno viene a hacer trámites y están los organismos públicos y privados”.

—¿Cómo es la accesibilidad a los edificios públicos?

—El acceso a los edificios públicos es muy complicado ya que por lo general no tienen rampas. El problema es que muchos son edificios históricos y no se pueden cambiar. Creo que debería salir una nueva ley para que se puedan modificar. Por ejemplo, en el correo no podemos ingresar por la puerta principal  sino que hay que hacerlo por una puerta de atrás y nos sentimos un poco discriminados en ese sentido.

—¿Cómo es andar en una silla de ruedas por la ciudad?

—Siempre nos encontramos con obstáculos: vehículos que están sobre la vereda, carteles, macetas. A veces, en lugares donde hay rampas, me ha pasado que está el cartel indicador de la calle. El poste se podría correr y no obstaculiza el paso. Hay mucha ignorancia sobre este tema y también mucho egoísmo de parte de los ciudadanos que estacionan el auto arriba de la vereda, o frente a una rampa, o en la senda peatonal. Hay personas que tienen problemas visuales y ha pasado que se chocan una ventana que está abierta para afuera.

—¿Es más fácil circular con silla de ruedas por las calles que por las veredas?

—Preferimos circular por la calle más que nada por el estado de las veredas. A veces, por la falta de rampas tenemos que seguir hasta una entrada de auto donde no esté el cordón y sea accesible para poder subir con la silla de ruedas. También hay algunas veredas con una pendiente muy pronunciada y nos dificulta un poco la circulación.

—¿Qué pasa con el transporte público?

—No he tomado ningún taxi, remís o colectivo. Primero porque tengo auto y segundo porque los colectivos que disponen de rampa de accesibilidad pasan con muy poca frecuencia. Todos los colectivos deberían tener la accesibilidad para sillas de ruedas porque no podemos estar esperando una hora y media un colectivo.

—¿Podés circular sin ayuda?

—Puedo andar sin ayuda gracias al centro donde hice mi rehabilitación que me enseñaron a ser independiente. También gracias a que dispongo de los brazos para poder movilizarme. Pero hay muchas personas que están afectadas en los miembros superiores y se les dificulta el tema de moverse. También por culpa de la falta de accesibilidad y del estado de las veredas. A las personas con esas dificultades les afecta mucho a la parte psicológica. Si se les dificulta ingresar a un banco tienen que mandar a alguien y eso no es bueno para la salud mental. Para todas las personas, también los adultos mayores y otras  personas que necesitan esa accesibilidad para poder ir por sí solos. Si no hay independencia, no hay inclusión.

—Y la independencia es difícil de alcanzar con todas esas barreras…

—La mayoría de los edificios de departamentos tiene escaleras en el acceso. Si tienen rampas es por el ingreso de cocheras. Es muy triste que no haya accesibilidad en los edificios. Si me quiero ir a vivir solo es muy difícil encontrar uno que tenga elevador o rampas. Hay edificios que tienen rampas pero no tienen la inclinación que corresponde. O no tienen zona de descanso y eso dificulta mucho. Eso pasa con los edificios privados como también con los locales comerciales. Me pasó de ir a una farmacia para retirar un medicamento y tenía 12 escalones para ingresar. Tuve que golpear la puerta y me atendieron en la calle. Debe haber una ordenanza que contemple la accesibilidad, prevea las rampas.

Fotos: Juliana Faggi. EL DIARIO.

Colocan rampas de accesibilidad en calle Rondeau

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