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Día del Abandono: ¿Qué significa y por qué se conmemora hoy, 23 de noviembre?

Hay fechas que quedan grabadas para siempre. Esto, que funciona para el común de los mortales, adquiere otros ribetes cuando de fútbol se trata. En el mundo apasionado de ese deporte, así como existen días negros para algunos hinchas; hay otros que exhiben y evocan una y otra vez sus días memorables, cual si fueran trofeos.

El Día del Abandono es uno de esos días especiales en el calendario de los rosarinos. O, para hablar con propiedad, para un número muy importante de rosarinos: para los canallas, que es como se los conoce a los hinchas de Rosario Central.

Cada 23 de noviembre, los canallas celebran el Día del Abandono como debe ser: con recuerdos cargados de la euforia que se merece un día histórico. “¿Exagerado? Para quien no es futbolero, puede ser. Para los hinchas de Rosario Central, ese día puede ser considerado como uno de los mejores de su vida”, afirma Magdalena “Magui” Aicega, hoy periodista deportiva de TNT Sports y radio Continental. ¿Qué significa y por qué se conmemora hoy, 23 de noviembre?

Día del Abandono: qué significa y por qué se conmemora hoy, 23 de noviembre

La imagen del diario Deportivo Olé y el festejo canalla del Abandono.

Para los hinchas de Rosario Central, el Día del Abandono refiere al resultado 4 a 0 (una goleada que, para ellos, fue memorable) con el cual aplastaron a su gran contrincante: Newell’s Old Boys aquel inolvidable domingo 23 de noviembre de 1997. Pero no solo a eso.

Se llama Día del Abandono porque Newell´s, en el segundo tiempo, viendo que la goleada no iba a parar y cuando estaba con 7 jugadores por expulsiones, decidió no seguir jugando. Un jugador se tiró al piso y dijo que no podía seguir por lesión y el árbitro tuvo que respetar el reglamento y terminar el partido por ausencias. Impidiendo así que la goleada siguiera.

Pero claro, más allá de la coartada, la goleada estaba escrita. Y se la recuerda por su contundencia y por el Abandono de los rivales.

Tapa inolvidable para los rosarinos. El Gráfico y el relato del partido que todos recuerdan.

Decía una crónica de ese partido: “(fue) Una de las victorias más apabullantes del clásico rosarino”. Y resumía el enfoque casi unánime de los suplementos deportivos de finales de la década de los noventa. “Humillación con pocos precedentes”, era el comentario más habitual de esos días.

Otros textos aseguraban que había sido la “más terrible paliza que uno de los dos equipos le haya propinado a otro en sus 58 años de enfrentamientos en primera división”. Se habló de jornada histórica, de goleada categórica, de baile, de paliza, de paseo.

Partido extraño e inolvidable

Un joven Miguel Russo era el técnico de aquel Central en modo máquina.

Para entender qué significó en 1997 y sigue significando veinticuatro años después el Día del Abandono, lo primero que hay que decir es que Rosario Central y Newell’s Old Boys son los dos clubes de fútbol profesional más fuertes de la ciudad de Rosario. Y además, los únicos dos grandes equipos del fútbol argentino del interior que se suman a la legión de Buenos Aires y GBA, donde están el resto de los campeones históricos.

La rivalidad entre ellos es de larga data. “En Rosario, o sos de Central o sos de Newell’s. Conforman el clásico por excelencia. Y, cada vez que juegan, la ciudad se detiene por completo. ¡¡Realmente todo se frena!!”, define Aicega.

O sea: no ocurrió entre dos rivales cualquiera. Sino en algo así como el Boca-River de Santa Fe, una provincia histórica del fútbol.

Entes en papel. Hoy en redes. Bromas de un domingo inolvidable para el fútbol.

En aquella jornada 14 del Torneo Apertura 1997 del domingo 23 de noviembre los dos equipos no llegaban iguales en sus realidades. Aunque llevaba tres partidos consecutivos sin ganar, Rosario Central (dirigido por Miguel Ángel Russo), se ubicaba sexto con 23 puntos (estaba por detrás de River, Boca, San Lorenzo, Gimnasia y Vélez).

En cambio, bajo la dirección Mario Zanabria, Newell’s estaba en el anteúltimo lugar, con 9 puntos.

Con goles y jugadas memorables de “el Negro” Palma, Marcelo Carracedo y Rubén Polillita Da Silva (goleador junto a Carbonari, Carracedo y Chacho Coudet), pero también con patadas de todo tipo (todas, considerados manotazos de ahogado de un equipo al borde de la desesperación), y expulsiones con tarjetas rojas, los minutos centrales de aquel pueden resumirse así:

Según las crónicas, Goyco lideró el abandono para evitar más goles.

Primer tiempo

  • Minuto 2: Rubén “Polillita” Da Silva recibe un centro bajado por Maceratesi y, aprovecha un descuido del arquero Sergio Goycoechea, anota el primer gol. La jugada desestabiliza el ánimo leproso.
  • Minuto 35: con un derechazo, Eduardo “Chacho” Coudet hace el segundo gol canalla.
  • Minuto 38: Mariano Dalla Líbera se hace echar por un patadón y, al rato, lo sigue Julio Zamora, por pelearse con Da Silva.
  • Cerca del final del primer tiempo: cuando Newell’s tenía nueve jugadores en la cancha, Marcelo Carracedo clava el tercer gol de zurda.

Segundo tiempo

  • A la vuelta, cuando Newells ya jugaba con ocho jugadores y Central, con diez, Horacio Carbonari anota el cuarto gol canalla.
  • Minuto 65: a los veinte minutos del segundo tiempo, el árbitro Roberto Ruscio da por finalizado el partido por inferioridad numérica del rival.

  • Según la crónica del diario Clarín, “Goycochea salió corriendo desde su arco y le pidió al uruguayo José Herrera que saliera del campo”. Zanabria, DT de Newells, ya había hecho todos los cambios y, a la jugada siguiente Herrera se tiró al piso, declarando que ya no podía jugar más. Esta última movida fue descripta por algunos medios como “un escape cobarde del campo”.

De goles y de toallas

El ídolo Mario Zanabria era el técnico de aquel Newell´s de 1997.

Deshonor y humillación. Las dos palabras cayeron como bloques no bien el árbitro Ruscio dio por finalizado ese partido. Deshonor y humillación, mientras los leprosos se iban del estadio con las cabezas gachas y los cánticos desaforados de los hinchas canallas avanzaban como una ola expansiva desde el Gigante de Arroyito a la ciudad de Rosario hasta hacer vibrar al mismo río Paraná.

“En el deporte, y mucho más en un clásico o en una final, los jugadores prefieren jugar incluso fracturados antes de tener que pasar un papelón ––dice Magdalena Aicega, ex capitana del seleccionado argentino de hockey. Jugadora de Las Leonas, es la argentina que más veces disputó el Champions Trophy.

Y, justamente, sobre este partido, gran parte de la prensa deportiva tituló que había sido un gran papelón para Newell’s porque, en vez de pelear el partido, se había retirado de la cancha. Se dijo, además, que hubo jugadores de Newell’s que se habían hecho echar. Y que “muchos otros se tiraron al piso, simulando estar lesionados… para no pasar más vergüenza, para no comerse más goles y para quedarse con seis jugadores”.

El momento clave. José Herrera deja con 6 a Newell´s para que el partido termine.

Como se sabe, en el fútbol profesional el reglamento de la FIFA consigna que no se puede seguir jugando cuando un equipo queda con menos de siete jugadores.

A partir de la goleada del 23 de noviembre de 1997, los hinchas canallas organizaron ––a modo de burla y para poner más condimento al folclore futbolero–– el Lanzamiento de la Toalla, un evento que mezclaba comida y bebida, baile, juegos y deporte, como natación, partidos de fútbol amistosos… y lanzamientos de toallas. El trofeo del evento se llamó Mario Zanabria, el ex DT leproso que, según los de Rosario Central, tiró la toalla. O sea: permitió aquel abandono histórico del fútbol argentino.

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