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Mujeres que reconstruyen su futuro junto a sus compañeras de hogar

Santiago del Estero: Mujeres que dijeron “no va más” a la violencia

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El abrazo al recibirlas y el acompañamiento cuando egresan son ejes del trabajo del equipo del Hogar de Protección Integral para Mujeres en Situación de Violencia de Santiago del Estero, que Télam visitó para escuchar cómo arman sus nuevos proyectos de vida quienes residen allí.

Desde 2018 funciona el lugar, que tiene habitaciones, cocina, comedor, living, guardería y un amplio patio al aire libre, donde pueden residir hasta 42 mujeres con sus hijos. A esa infraestructura se suma la calidez humana y profesional de quienes allí trabajan para brindar contención, ayuda y herramientas de empoderamiento.

“Es un trabajo muy grande, porque es cotidiano, convivimos con las mujeres y buscamos contenerlas casi las 24 horas”, detalló a Télam la directora del hogar, Yesica Orellana.

Destacó que cuando las mujeres ingresan “nos preparamos para poder abrazarlas simbólicamente, poder pensarnos con esa mujer afuera cuando egresa, hacer el seguimiento y derivar a otras organizaciones como son la Dirección de Género para que continúe el acompañamiento psicosocial”.

Al respecto, Orellana puntualizó que “es fundamental no perder ese contacto y seguimiento, y es muy importante para que ellas se sienten respaldadas”.

Al ingresar al hogar los niños y niñas corren por los pasillos, las madres están reunidas en el comedor, conversan, mientras otras cocinan o calientan el agua para el mate. En el patio amplio algunos niños juegan, algunas madres reciben visita de familiares.

Un ambiente en el que se respira “tranquilidad, paz y armonía”, dicen las mujeres que viven allí.

“Se trata de creer en una misma, saber que es difícil, pero que se puede”, compartió Alejandra (27), quien está embarazada y permaneció dos meses en el hogar por una “situación de violencia con mi expareja con quien viví unos 11 años”.

Ya egresó y comenzó una vida totalmente distinta: “Estoy orgullosa de haber salido y haber dicho basta, porque el miedo a veces te hace aguantar tanto tiempo y tantas cosas”.

“Muchas veces intenté denunciarlo -al violento- pero no podía y un día lo pude hacer. Llegué aquí (al hogar) y mi vida ha cambiado totalmente, ha dado un giro tremendo y empecé a tener otra clase de vida, porque mi vida no era mía”, relató.

Alejandra ahora vive en una casa con sus hijos y cerca de su madre, con quien volvió a vincularse.

“Hoy me miro y me digo ‘no soy esa persona que era antes’ y me siento orgullosa de mí misma”, dijo.

Mariana (30) es una santiagueña que se fue a vivir a Neuquén con su pareja, que la violentaba hasta que un día se dio cuenta que así no podía seguir.

Volvió con sus hijos a su provincia natal, en donde “la pandemia me salvó porque él no podía venir”. Así, relató a Télam, pudo reconstruir su vida.

“Antes lloraba de tristeza y dolor, hoy las lágrimas son de orgullo” por haber salido de la situación de violencia, destacó.

Ella pidió ayuda a la Dirección de Género de Neuquén, quienes le gestionaron los boletos y pudo regresar a su provincia.

Desde Neuquén se comunicaron con la Dirección de Género de Santiago, quienes la recibieron y la contuvieron.

“Aquí me ayudaron muchísimo, pude conseguir trabajo, y me siento útil por primera vez en mi vida”, confesó.

Ahora vive con su tía, trabaja en un hospital y compartió emocionada que “el primer día que mandé a mis hijos a clases me largué a llorar de orgullo, porque por primera vez con mi plata, con mi trabajo, les había podido comprar su guardapolvo, sus útiles, sus zapatillas”.

Además hizo un pedido especial “a los vecinos, amigas y familiares que muchas veces te juzgan, te dicen ‘ella está con él porque le gusta’, ‘ella se deja pegar porque le gusta. No, no nos gusta, pero nos cuesta salir”.

Florencia (41) se emociona cada vez que quiere participar de la charla.

“No es fácil salir, pero con la ayuda de mi familia y la Dirección de Género he podido”, sostuvo y dijo que por muchos años le “taladraron la cabeza diciéndome que no podía sola”.

“Ahora nuestra casa es un hogar, se respira diferente, se vive diferente, charlamos con los chicos, nos reímos, nos sale la risa de adentro, cuando antes estaba dibujada o forzada para mostrar algo a los otros que no era”, relató.

Y siguió: “Ahora hay paz, me siento bien y orgullosa porque somos mujeres valientes, porque sí podemos salir, a pesar de todo el miedo y podemos pedir ayuda, porque hay gente que está para apoyarnos, ayudarnos y sacarnos esa venda que hemos tenido muchos años”.

En ese círculo de mujeres está también Rosa (36), quien hace sólo cuatro días llegó al hogar, y Débora (31), quien lo hizo hace apenas un mes.

Escucharse y acompañarse entre las que egresaron, las que están hace un tiempo y las que recién inician la reconstrucción, es parte del proceso de reparación para ellas.

La directora del hogar resaltó que “todas estamos aprendiendo y aprendemos con las mujeres a poder superar las situaciones de violencia”.

El hogar funciona las 24 horas, y los teléfonos de guardia son: celular 385- 5899337 o fijo 385- 69990335.

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