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Aly Raisman y su confesión sobre los abusos sexuales en la gimnasia: “Es una herida abierta que no cierra”

“Larry, ahora te das cuenta de que nosotras, este grupo de mujeres de las que abusaste durante un largo período, somos una fuerza y vos no sos nada. Se dio vuelta la taba, Larry. Estamos acá. Tenemos nuestras voces y no nos vamos a ninguna parte. Te enfrento, Larry, para que veas que recuperé mi fuerza. No soy más una víctima; soy una sobreviviente. No soy más aquella pequeña nena con la que te encontraste en Australia y a la que empezaste a hacerle grooming y a manipular. Sos patético si pensás que alguien tiene empatía contigo. ¿Pensás que es duro para vos? Imaginate cómo nos sentimos nosotras. ¿Cómo dormís de noche? Que esta sentencia le deje claro a cualquier persona que quiera causarle dolor a otra: abusadores, su tiempo se terminó. Las sobrevivientes estamos acá, paradas, y no nos vamos a ningún lado”.

Alexandra Rose Raisman, de entonces 23 años, se plantó el 19 de enero de 2018 y enfrentó cara a cara a un Larry Nassar que no la miraba. Empoderada con una fuerza de voluntad inimaginable, le clavó la vista y eligió cada palabra como daga. Sentado en el tribunal estaba su abusador sexual, el pedófilo predador que cinco días después sería condenado a pasar el resto de sus días en la cárcel.

Aly fue una de las 156 mujeres que testimoniaron. Una de las decenas abusadas por el ex médico del seleccionado femenino estadounidense de gimnasia. Y su voz, como la de Simone Biles, fue determinante para la condena de semejante monstruo.

Tres años y diez meses después, Aly tiene 27, luce el pelo lacio suelto y usa un sweater celeste mientras le dice con crudeza a Clarín: “Es como una herida abierta que no cierra. Todo mi ser desearía no tener que pensar en esto, no pensar en el abuso en la Selección de gimnasia estadounidense y llevar adelante otros proyectos. Pero esta herida me dispara un montón de cosas y afecta a mi propia experiencia de sanación, porque a veces siento que doy un paso para adelante y después termino dando 100 pasos para atrás”.

Su perro se trepa al sillón blanco que eligió como lugar para sentarse frente a la cámara de su computadora. Ella pide perdón por la intromisión de su mascota e insiste con la reflexión: “Es muy difícil pasar por esto y es algo que todavía sigo tratando de entender cómo lograr. Hacer terapia y asegurarme de que me cuido a mí misma es una prioridad, porque esto me afecta mucho, más de lo que la gente cree”.

Aly Raisman, en la videconferencia con medios latinoamericanos en la que charló con Clarín. Foto Lifetime

Aly contesta en una videoconferencia con medios latinoamericanos organizada a propósito de “De la oscuridad a la luz”, el programa en el que habla con sobrevivientes de abusos y que emitirá Lifetime este jueves 25, a las 23 de la Argentina (canales 400 de Cablevisión Flow, 228 de DirecTV y 426 de Telecentro), en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Las palabras son vitales: hablará de “sobrevivientes” y no de “víctimas”, pedirá no ver imágenes de su abusador y recordará que describir detalles precisos la saca de eje y le dispara lo peor. Cómo no entenderla.

El calvario vivido bajo las garras de Nassar desde que ella era menor de edad y la bestia entró a su cuarto de hotel en Australia no ha terminado. El encubrimiento del Comité Olímpico y de la Federación de Gimnasia de Estados Unidos fue devastador, así como lenta y cómplice fue la pseudoinvestigación del FBI. Por eso Raisman fue junto a Simone Biles, McKayla Maroney y Maggie Nichols a testimoniar en septiembre pasado ante el Senado de Estados Unidos.

-¿Te sentiste traicionada por el Comité Olímpico estadounidense, tu Federación y el FBI? ¿Cómo toleraste no ser escuchada y que todos hayan mirado para otro lado cuando tantas sobrevivientes como vos hablaron de lo que sufrieron?

-Es algo que todavía estoy explorando todos los días. Muchas veces la forma de sanar de una sobreviviente tiene que ver con cómo es manejado ese abuso. El Comité Olímpico estadounidense y la Federación no hicieron lo correcto y siguieron sin reconocer el problema y sin hacer todo lo que estaba a su alcance para solucionar lo que estaba pasando. Una de las cosas más importantes es que haya una investigación completa e independiente para entender quién sabía lo que estaba pasando, cómo fue que pasó este desastre y asegurarnos que nunca más vuelva a pasar. Porque yo no quiero vivir en un mundo en el que estemos adivinando. Porque queremos proteger del abuso a niños y a atletas.

Aly Raisman, Simone Biles, McKayla Maroney y Maggie Nichols, cuando testificaron ante el Senado estadounidense. Foto AFP

Testificar en vivo ante senadores y exigir que caigan quienes hicieron la vista a un lado, dejando a adolescentes a merced de un predador sexual, puede parecer algo sencillo, motivado por la necesidad de justicia. Sin embargo, cada vez que se toca el mismo tema que hizo y hace mella en el cuerpo y en la psiquis de las sobrevivientes (al menos una gimnasta abusada se suicidó, al igual que un padre que no le creyó a su hija), cada una revive lo sufrido.

“Yo tengo mucha pasión sobre lo que es la prevención en la salud mental, pero creo que testificar sobre el abuso dispara muchas cosas que la verdad que es algo que desearía no tener que hacer. Pero años y años después tenemos que seguir alzando nuestra voz al respecto”, concluye al responderle a Clarín.

Y continúa cuando retoma el tema ante la inquietud de una colega: “Lamentablemente, no creo que a lo largo de mi vida la problemática del abuso sea resuelto. Voy a seguir luchando por la prevención del abuso y la salud mental mientras pueda hacerlo, pero creo que tener equilibrio en mi vida es muy importante”.

La mujer que habla con esta templanza emociona a cada momento. Incomoda hacer el ejercicio de ponerse un minuto en su lugar e imaginar lo que padeció en manos de una bestia y lo que sufrió y sufre porque la historia no se cerró. Hay culpables de encubrir lo indecible y no haber parado la barbarie contada por decenas.

Por eso su testimonio de 2018, mirando a Larry Nassar en el banquillo de los acusados, es un tsunami imparable: “Me mentiste y manipulaste para pensar que cuando me tratabas cerrabas los ojos porque estabas trabajando, cuando en realidad estabas tocando a una niña inocente para sentir placer. Imaginate que no tenés poder ni voz. ¿Sabés qué, Larry? Ahora tengo poder y voz, y recién la estoy usando. Nos aseguraremos que tendrás lo que te mereces. Una vida de sufrimiento. Larry, no vas a quitar la gimnasia de mí. Amo el deporte y ese amor es más fuerte que el demonio que reside en ti y que te permitió lastimar a tantas. No descansaré hasta que el último trazo de tu influencia en este deporte haya sido destruido como el cáncer que es.

Firmado: Alexandra Rose “Aly” Raisman.

Vivir con un calvario a cuestas 

Aly Raisman encaró el proyecto “De la oscuridad a la luz” para hablar de abusos. Foto Lifetime

Pensé que ser olímpica era lo máximo, pero ayudar a la gente a sanar y a prevenir abusos es mucho más importante que cualquier medalla olímpica. La gente deja hacer al abusador en lugar de ayudar al sobreviviente. Es un problema enorme en nuestra sociedad. Si sacás que fui gimnasta y soy una sobreviviente, ¿quién sería? Lo estoy averiguando”.

Aly Raisman se abre con estas reflexiones en “De la oscuridad a la luz” y en su camino de sanación encontró la palabra y tender la mano a otros y a otras como herramientas que le permiten transitar la vida.

Nació en Needham el 25 de mayo de 1994, comenzó a practicar gimnasia artística como un juego a los dos años y de niña supo que sería olímpica. Lo que probablemente no sabía es que quedaría en la historia como la primera no europea en ganar el ejercicio de suelo en unos Juegos: lo logró a los 18 años en Londres 2012, donde fue capitana del dorado equipo estadounidense y también se llevó el bronce en viga. En Río 2016 repitió el oro por equipos y fue plata en suelo y en el all around.

Pero detrás de esa historia brillante había un sufrimiento indecible. Y en 2017, cuando publicó el libro “Fierce: How Competing for Myself Changed Everything”, además de narrar su experiencia en la gimnasia contó que había sido abusada sexualmente por Larry Nassar.

“Imaginate lo que se siente si sos una adolescente fuera de tu país, escuchando un golpe en la puerta y eras vos. No quería que fueras vos pero no tenía opción. Los tratamientos contigo eran obligatorios y te aprovechaste de eso. Acostarme sobre mi estómago con vos en mi cama insistiendo que tus toques inapropiados me ayudarían a curar mi dolor… La realidad es que me causaste un trauma físico, mental y emocional. Nunca me curaste. Te aprovechaste de nuestra pasión y de nuestros sueños. Me sentía culpable porque eras un doctor y asumía que yo era el problema porque pensaba mal de vos”.

Reescuchar sus palabras en el estrado la llevó a revivir su calvario pero entonces hizo tripa corazón y dejó el alma a la intemperie. Hoy debe cuidarse para que lo peor no vuelva a su mente cada vez que escucha a otros y otras sobrevivientes.

Larry Nassar, pedófilo predador sexual condenado en 2018 por abusos a pasar el resto de sus días en la cárcel. Foto AFP

Fui abusada tantas veces que perdí la cuenta. Me lavaron el cerebro -dice en el documental-. Antes me quedaba cuando escuchaba que alguien contaba detalles de su abuso, pero ya no lo puedo hacer. Si escucho detalles gráficos, no puedo quitármelos de mi mente durante semanas o meses. No puedo dormir de noche. Pienso lo que le pasó a esa persona y lo transporto a mí”.

En la videoconferencia a la que asistió Clarín, Raisman explicó por qué igual se enfrascó en una tarea que le demanda terapia y esfuerzo para que su coraza no se horade con los testimonios ajenos. La cuestión es hablar, escuchar y luchar para cambiar la ecuación. Que las instituciones detecten, separen y denuncien a agresores y abusadores. Que no se hagan a un lado. Y que más personas quiebren el lógico miedo y expongan sus sentires.

Sin importar lo que te esté pasando hoy, vas a estar bien. Hay luz al final del túnel. Esto no es para siempre. Hay ayuda allá afuera. Los sobrevivientes necesitan ser validados para ayudarlos a sanar. Está bien no estar bien”, insiste tal como lo había hecho con esta última frase Naomi Osaka al exponer sus problemas de salud mental.

Nadie tendría que pasar por esta experiencia solo. Y hablar nos ayuda a sentirnos menos solos, permite que otro sobreviviente pueda sentir lo mismo y nos puede llevar a un camino para sanar”, explica.

¿Qué caminos encontró en busca de la sanación? “Hay momentos en los que hacer terapia una vez por semana me alcanza y hay otros en los que necesito dos veces o ni siquiera me resulta suficiente -responde-. Hay días en que me levanto y estoy más tranquila. Otros días me cuesta dormirme porque estoy más estresada. Aprendí la importancia de trabajar un día a la vez, reflexionar sobre cómo me siento y que cuando soy dura conmigo no me ayuda para nada”.

En su testimonio ante el Senado estadounidense dejó en claro que si a los abusadores no se los frena a tiempo, su destrozo delictivo continuará. En enero de 2018, conocida la sentencia a Nassar, Clarín publicó cómo el abusador había intentado tejer su telaraña a la distancia alrededor de la marplatense Ayelén Tarabini, a quien empezó a contactar vía Facebook cuando ella tenía 15 años. 

“Desde las primeras denuncias contra mi abusador, el FBI tardó 14 meses en entrevistarme, a pesar de mis pedidos. Me hicieron sentir que no tenía sentido seguir mi caso -confesó Raisman-. Los reportes de mi abuso no sólo fueron enterrados sino que el FBI, el Comité Olímpico y la Federación de Gimnasia sabían que Nassar molestaba a menores y no hicieron nada para restringir su acceso a ellos. Le sirvieron jóvenes a un pedófilo en una bandeja de plata”.

Aly Raisman, en el centro, junto a sus compañeras campeonas en Río 2016: Gabby Douglas, Madison Kocian, Simone Biles y Laurie Hernandez. Foto AFP

El rol de las instituciones y de la gente más cercana a una víctima de abuso es crucial. “Es muy importante que las personas entiendan que hay muchas banderas rojas a las que tenemos que prestarles atención: si el abusador tiene favoritas, si trata de tener tiempo a solas con el niño o la niña…”, advirtió.

Y puso el ojo en que la sociedad se meta en estos temas, para evitar esconder la cabeza como el avestruz y no investigar a quien denuncia o pensar que “algo habrá hecho”.

Sus palabras son terminantes: “No sé si la gente se da cuenta de que cuando alguien te confía que fue abusada y vos no escuchás, no la valorás o le hacés sentir que es su culpa, estás permitiendo que ese abusador continúe lastimando a otras personas. El abusador es un manipulador que le echa la culpa a la sobreviviente o le dice: ‘Vos te lo buscaste’. Y muchas veces la sociedad le dice a la sobreviviente qué tenía puesto o cuánto había tomado, como echándole la culpa y que se lo hubiera buscado”.

Para Aly Raisman, el calvario de haber sido abusada apenas terminó en lo fáctico. En los hechos, en su psiquis, trabaja cómo convivir con lo sufrido. “Pasé de competir en los Juegos Olímpicos a festejar poder estar parada en la ducha lavándome el pelo”, resume en el documental de Lifetime.

No se queda quieta y pelea por otras y otros sobrevivientes. Porque, al cabo, la única lucha que se pierde es la que se abandona y cuando muchas y muchos luchan de la mano, el empuje colectivo derriba barreras. Aunque duela. Y mucho.

La salud mental de los atletas

Aly Raisman, en la videconferencia con medios latinoamericanos en la que charló con Clarín. Foto Lifetime

Tokio 2020 quedó en el recuerdo por extraordinarios hechos deportivos, pero también por la decisión de Simone Biles, la mejor gimnasta de la historia, de bajarse de muchas competencias por no sentirse segura. Su testimonio fue vital para que la salud mental de los deportistas fuera un tema de debate. Y vaya si Aly Raisman coincide con su amiga, compañera y también sobreviviente de las garras de su abusador.

“La salud mental es súper importante. Cuando yo me entrenaba, le ponía más énfasis a mi físico y si me lastimaba una muñeca, me tomaba unos días. Pero no entendía que tenía que poner el mismo énfasis o aún más en mi salud mental. Si me sentía ansiosa o deprimida, debería haberme tomado unos días también y pedir ayuda de la misma forma en la que hubiera ido a un médico para hacerme tratar la muñeca. Pero de eso no se hablaba”, recordó en la videoconferencia de la que participó Clarín.

Raisman hizo eje en un momento clave en la vida de un atleta: el retiro. Y exige que se preste atención a ese proceso. “La salud mental es crucial mientras competimos, pero también es importante después, porque no se nos enseña cómo navegar el siguiente capítulo de la vida. Entrenaste toda tu vida para los Juegos Olímpicos. A algunos les va muy bien y a otros no tan bien y quizá se les rompa el corazón porque muchas veces el valor de esos atletas se relaciona con sus resultados. Está bueno poder conversar que somos más que el deporte y ver qué podríamos hacer ya retirados”, reflexiona.

“Si el atleta piensa que solo tiene valor dentro del deporte y no le fue tan bien, quizá no tenga la confianza o quizá se sienta deprimido y no pueda encontrar alguna otra cosa que realmente disfrute. O puede sentir que no tiene el valor suficiente para encontrarla. Y en el Comité Olímpico estadounidense no tenemos acceso a buenos terapeutas cuando la salud mental debería ser prioridad”, denuncia.

¿Y por casa?…

HS

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