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Los anhelos de superación de la modesta Manuela Pedraza

Dos cuadras le alcanzan a Manuela Pedraza para cobijar historias personales y familiares de progreso y de fracasos, de amores y de desencuentros, de dicha y dolor, de esperanza y frustración. En medio de un polígono que integran el ex hipódromo, el Club Atlético Paraná y las cárceles, la calle es una galaxia en la que los más variados sueños proletarios buscan la manera efectiva de realizarse.

Laura Molnar

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Cada cual a su modo, las calles de Paraná cuentan una historia que se parece a tantas, pero que tiene sus singularidades: cómo nacieron, cómo llegaron a llamarse así, quiénes fueron los encargados de ponerle un nombre, cómo se fue transformando. Estos relatos respiran también en la memoria de sus residentes, donde cobra sentido el suelo natural que precedió al pavimento, las casitas creciendo hacia el corazón de la manzana, las inversiones por goteo que mejoraron los frentes.

Enrique Viggiano es uno de los compró un terreno sobre Manuela Pedraza en los años ‘70 y empezó a construir un hogar. “La calle era de tierra y no se podía vivir de tanto polvillo; recuerdo que había un zanjón muy grande. Todo cambió cuando se colocó broza y en el ‘73, llegó el asfalto”, prologó, al indicar que “en esta zona había baldíos y después, de a poco, lentamente, se fue llenando de construcciones”.

La vivienda de Viggiano está ubicada en la esquina de Maciá. Allí nace Manuela Pedraza, justamente. Está orientada de norte a sur. Ni siquiera es recta: después de la primera cuadra, la traza se quiebra, acercándose en el mapa a la Avenida Ramírez, como si huyera de un desagradable presagio.

Viggiano tiene 73 años, es maestro mayor de obras y fabricante de plantillas ortopédicas. El entrevistado tiene una característica sobresaliente: no puede estar quieto: repasa el pasto aunque esté corto, retoca las ramas de árboles ya podados, y camina sobre el techo de su casa con la concentración de un detective hogareño en busca de algún vestigio de algo roto que reclame su intervención. De hecho, cuando se dispuso a contar su historia y la del lugar donde vive debió hacer una pausa porque unos minutos antes estaba pintando el frente de la casa, que a simple vista luce impecable.

Por su porfía andariega, Viggiano se volvió un personaje de la zona, y ya es parte del paisaje: la esquina y él son una misma entidad. Caracteriza a Manuela Pedraza con el ojo clínico de un constructor y, al hacerlo, acaso no se dé cuenta de que la calle lo engaña amablemente y es ella la que resume la vida de trabajo y esfuerzo de Viggiano.

En Manuela Pedraza las épocas se yuxtaponen en las casas y los vehículos. FOTOS: Serio Ruíz.

PERFILES

Al recorrerla se comprueba que la antigüedad de las edificaciones varía notablemente, producto de la suerte dispar y el recambio generacional.

En Manuela Pedraza casi no se ven niños jugando en la calle; no hay gente sentada en la vereda; no hay adolescentes tomando una cerveza en alguna esquina; no se escucha música, ni gritos. Ella es silencio. Sucede hacia adentro. Sólo en el cruce con Maciá la sonoridad se vuelve infernal y automotriz.

En la primera cuadra de Manuela Pedraza hay árboles y la mayoría de sus casas están habitadas. El cemento dejó poco lugar para la gramilla, pero las veredas en ambos lados son vigiladas por gatos de todos los colores y tamaños, que cada tanto suben a los techos para tener un mejor panorama. En la segunda cuadra, la presencia humana se hace mínima. Llama la atención la cantidad de viviendas a la espera de residentes, la soledad de un baldío, la existencia miserable de un contenedor con desperdicios que mira de soslayo a un auto abandonado, color óxido.

Manuela Pedraza está ubicada en el Barrio Parque que linda con el Barrio San Martín. En él se encuentran dos espacios históricos para la ciudad que son el Club Atlético Paraná, fundado en el año 1907; y el ex hipódromo Almafuerte, en 1922, actualmente transformado en la plaza Mujeres Entrerrianas.

Unos metros al sur, se erigen las cárceles. En medio de estos lugares que dan identidad a la zona, emerge Manuela Pedraza, cuyo nombre rinde honores a la heroína tucumana que participó de la batalla de la reconquista de Buenos Aires contra la invasión inglesa que se llevó a cabo en agosto de 1806.

Antes de la sanción de la ordenanza municipal 5.554, ocurrida el 10 de septiembre de 1970, los carteros la ubicaban como la calle N° 377. En este medio siglo, Manuela Pedraza fue construyendo su presente como ha podido, hilada por hilada, como sucede con tantas otras calles de barrio, en cualquiera de nuestras ciudades.

Una de las características de Manuela Pedraza es su tranquilidad de siesta. FOTOS: Serio Ruíz.

Razón de ser

Originalmente, este material fue un trabajo práctico del Taller de Especialización I: Redacción, que se dicta en el segundo año de la Licenciatura en Comunicación Social de la UNER. La carrera se cursa en la Facultad de Ciencias de la Educación.

EL DIARIO ha accedido a difundir una selección de estos materiales porque entiende que están en sintonía con la idea de construir ciudadanía y sentido de pertenencia.

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