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La interna oficialista y un desafío urgente: cómo sostener a Alberto Fernández devaluado

Pido un segundo más la palabra, ¿puedo?“. El subconsciente le jugó una mala pasada a Alberto Fernández en el acto de asunción de Sergio Massa y, sin proponérselo, plasmó públicamente el lugar secundario en el que quedó relegado luego de que desde el Frente de Todos forzaran el desembarco del tigrense en el Gabinete. Son horas difíciles para el Presidente y su entorno, que debate cómo hacer para sobrellevar la cuota enorme de poder que perdió y mantener cierta centralidad hasta que culmine su mandato.

El semblante de Fernández en sus dos últimas apariciones públicas no fue el mejor. En la jura de Massa, donde pareció un protagonista secundario en su propio acto, y este jueves, otra vez en el Museo del Bicentenario, durante el lanzamiento del programa de Formación de Jóvenes Argentinos.

El contraste con la efervescencia que se había advertido horas antes en torno a Massa fue corrosivo para los incondicionales albertistas, que admiten el lugar incómodo en el que quedó el jefe de Estado.

El presidente argentino, Alberto Fernández (i), abraza al nuevo ministro de Economía, Desarrollo Productivo, Agricultura, Ganadería y Pesca, Sergio Massa (d), luego de tomar juramento.

”No es su mejor momento pero Alberto es muy fuerte y se va a recuperar en lo personal. Y la política en la Argentina es muy cambiante. Si Massa estabiliza la economía, Alberto también va a cobrar todo lo que se hizo”, fue el diagnóstico de un hombre del Presidente.

Sin que se trate de una estrategia plasmada en la mesa chica, a más de un año todavía de las elecciones, el plan que gana terreno en el entorno presidencial para fortalecer la imagen del mandatario es plantarlo fuera de la puja interna de poder que -creen- se abrirá entre el kirchnerismo y el Frente Renovador de cara a 2023 y mostrarlo en escenarios “positivos”.

Ese esquema prevé “dos o tres actos” por semana, con anuncios chicos como el de este jueves, y al menos un desembarco por semana en el territorio. Los clásicos encuentros “de cercanía”, a los que apeló tras las PASO, volverán a tomar un valor importante en la agenda.

El año pasado, al mandatario le sirvieron para hacer pie y recobrar impulso en medio de un contexto complejo, porque se dio tras el primer golpe fuerte que le propinó con las “renuncias a disposición”. Ahora, es cierto, la expectativa es menos ambiciosa: pasar este semestre, a la espera de que la carrera presidencial sirva como ordenadora.

El gran activo de Alberto, dicen sus incondicionales, es ser “el único garante de la unidad a toda costa”, necesaria hasta las próximas PASO. 

En cuanto al vínculo con las provincias, Fernández intentará exprimir al máximo el buen vínculo personal que todavía mantiene, a pesar de las rispideces que quedaron con algunos luego del ultimátum que le dieron la semana pasada para que avanzara con los cambios.

Los desembarcos de un Presidente en las provincias suelen ser “todo ganancia”, como evalúan en Balcarce 50, por lo que intensificará sus movimientos por el país. En parte, también, para no quedar a expuesto a situaciones como la que se vivió el miércoles: antes de que llegara Massa a la Casa Rosada, no estaba al tanto de las medidas que iban a anunciarse mientras varios periodistas, ya informados al respecto, las adelantaban en los medios.

El ministro de Economía, Desarrollo Productivo, Agricultura, Ganadería y Pesca argentino, Sergio Massa, habla durante una conferencia de prensa ofrecida en el microcine del Ministerio de Economía.

Como contó Clarín, otra idea es que el jefe de Estado profundice su agenda internacional. Evaluará aceptar alguna de las invitaciones que recibió el canciller Santiago Cafiero, su mano derecha.

“Todavía no hay nada cerrado, más allá de lo de Colombia este fin de semana, pero va a viajar un poco más”, anticipó a este diario una fuente inobjetable.

El fantasma del “pato rengo”, como se suele decir de un Presidente que no tiene posibilidades de ser reelecto y -en consecuencia- de dar órdenes puertas adentro de un espacio político, que desde la dura derrota electoral y el quiebre con Cristina nunca dejó de inquietar en los despachos de Casa Rosada, hoy es señalado, pero con resignación: “La llegada de Sergio (Massa) fue la última gran decisión de Alberto como presidente”. 

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