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Tiene 14 años y arrancó un ingenioso emprendimiento para pagar su viaje de egresados a Italia

«Tizi, no podemos afrontar los gastos para tu viaje de egresados. Ni mamá ni yo vamos disponer de 5.000 dólares que costará. No estamos diciendo que no vas a viajar, eh, sino que pensemos en qué se puede hacer para tener alguna chance de que puedas ir». Empleado administrativo, Diego Herrero, y su mujer Mónica, comerciante, le explicaron con sentido común a Tiziano, su único hijo, la situación económica familiar. El chico de 14 años estudia en la escuela Dante Alighieri y sueña con poder ser parte del viaje de estudios a Italia.

«Sinceramente, hoy llegar a ese monto es una utopía. Nosotros somos laburantes de una clase media empobrecida», considera Diego, que desde hace unos meses consiguió otro trabajo, como asistente de cocina en un hotel, para poder ahorrar pensando en el sueño de su hijo. «Tiziano está en tercer año y el viaje sería cuando esté en sexto. Nos anticipamos porque sabemos que este país es difícil, la inflación está descontrolada y el dólar es cada vez más inaccesible».

Tímido, de pocas palabra y serio («así es su personalidad», dice Diego, el padre) luce Tiziano hasta que entra en confianza y se suelta un poco. «Lo mío no es jugar al fútbol ni destacarme en deportes, pero sí desde chico tengo habilidad con las manos… Dibujaba mucho y hacía manualidades. Así empecé a diseñar llaveros, muñecos, copiaba algún superhéroe que veía en la tele y lo hacía con plastilina primero y después con porcelana fría», explica.

Empezó a producir y a coleccionar y así empezó a tener imanes, candelabros, porta-sahumerios y escarapelas, lo que llamó la atención de sus padres. «Hasta que mi papá me dijo: ‘¿Por qué no haces algunas artesanías y accesorios e intentamos venderlas por las redes? Sería un ingreso más pensando en tu viaje’. La idea me pareció buenísima y arrancamos a principios de este año», le cuenta el chico a Clarín, recién llegado del colegio.

Nacido y criado en Villa Carlos Paz (Córdoba), donde vive, Tiziano es la cara de muchos que no suelen salir en las noticias por sus habilidades ni por sus sueños. «Está bueno que se sepa lo que hace, él es un Tiziano más de los muchos que se esfuerzan en silencio», expresa Diego, que intenta estimular a su hijo, que sonríe retraído.

«Las ventas empezaron muy despacito, a fuego lento, pero me hicieron una entrevista en Córdoba y eso generó interés», hace saber Tiziano, que cursa en una escuela de jornada completa, estudia inglés en una academia y practica tae-kwondo. «Hoy trabajo llaveros, dijes, aritos, escarapelas, a los que produzco con porcelana fría, que es la materia prima». Dice la palabra trabajo con naturalidad y entiende que lo es. «Es mi responsabilidad, si bien no tengo un horario específico porque tengo muchas actividades, le dedico varias horas por día a la producción porque hay gente que espera por lo que pagó»,

Tiziano Herrero, en la puesta final de unos pedidos a los que les está colocando barniz.Tiziano Herrero, en la puesta final de unos pedidos a los que les está colocando barniz.Diego, el papá, se encargó de empezar el boca a boca en su trabajo, lo mismo que hizo Mónica, su mamá. «Después fue el turno de contar lo que hago en el colegio y los profesores se coparon y no sólo me encargaron accesorios, sino que difundieron en sus redes sociales. Y después hicimos un video en el instagram @Veni_benito y empezó a moverse cada vez más», expresa con una sonrisa, la primera de Tiziano, que luce más distendido.

«Hay todo tipo de pedidos. Primero saludan y felicitan por la iniciativa, y después hay varios curiosos que consultan el presupuesto, otros más decididos que piden en cantidad y otros son más austeros. Pero lo más increíble, y no lo puedo creer, es que me hicieron pedidos desde Buenos Aires, Neuquén y otras ciudades de Córdoba. ¿Cómo se manda? Por correo y se cobra aparte», describe Diego, mientras le brillan los ojos a Tiziano.

Hay una ingeniería familiar en torno al emprendimiento. «Tiziano sólo se dedica a la producción en los momentos libres que tiene. Nosotros, la mamá y yo, nos encargamos de recibir los pedidos, de organizarlos, del ida y vuelta con los interesados y de cobrar», cuenta Diego el modus operandi.

Pasadas las siete de la tarde de un jueves, Tiziano llega de estudiar inglés. «Soy muy estudioso –se sonroja–, me va bien en la escuela y estoy esforzándome para hablar dos idiomas, italiano e inglés», comenta mientras no despega la vista de unos hermosos aritos con la figura de una palta. «Este pedido lo tengo medio atrasado, por suerte el cliente me dio unos días más, me falta barnizar estos aritos y otros con forma de estrella de mar», agrega con seriedad.

«Sueño con poder ir a Italia de viaje de egresados y espero que este trabajo me ayudará a alcanzar el objetivo», anhela Tiziano Herrero.Cuenta que tiene el taller donde produce en su pieza y a veces se traslada al living. «Sé que este trabajo me va a ayudar a conseguir la plata para el viaje, pero sobre todo me dará conducta laboral, algo que es muy importante. Por eso esto me lo tomo en serio aunque creo que no será mi futuro trabajo. Mientras esté en el colegio lo voy a seguir haciendo para lograr el objetivo. Después, si yo mejoro en la producción y me sigue resultando lo seguiré, pero no me veo la verdad…».

Sorprende la adultez de Tiziano, que dice que no es de compartirle mucho a sus amigos sobre su actividad laboral. «Si me preguntan les cuento, de hecho, me vieron en la entrevista que me hicieron en el canal de Villa Carlos Paz». Sobre su futuro, no lo duda: «Quisiera estudiar medicina y me gustaría especializarme en neurología o clínica forense. Es algo que tengo claro desde chico».

Cuenta que le gusta usar la computadora y el teléfono celular para divertirse y distraerse «pero tengo mis límites, no quiero ser dependiente o perder muchas horas frente a la pantalla. De hecho, mi Instagram casi ni lo consulto, de eso se encargan mis padres, que me van informando sobre los pedidos y yo los anoto acá –muestra– en este cuadernito, donde pongo la fecha de entrega y la disponibilidad».

Atento y puntilloso. Atento y puntilloso. «Me gusta tomarme el tiempo para cada uno de los pedidos», dice el chico cordobés de 14 años.Por supuesto que tampoco está al tanto del dinero que ingresa, labor que deja en manos de sus padres. «Sé que hay ventas y el ritmo va creciendo, pero no quiero pensar en el monto que llevamos juntando». A su lado, Diego, el papá, toma la batuta. «Cuando sumamos un monto que nos permite comprar 100 dólares lo hacemos sin perder tiempo, porque la inestabilidad cambiaria no da lugar a distracciones… Y lo que nosotros tenemos que hacer es acercarnos como sea al precio del viaje».

MG

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