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El Diablito Echeverri y River: la joya, la bomba, el negocio y los haters

«Tiene 17», «Brito» y «Diablito» se hicieron tendencia en las últimas horas en X, la red social antes conocida como Twitter. Es por culpa de los algoritmos, pero sobre todo obra y gracia del estruendoso «no voy a renovar» que soltó más de una vez Claudio Echeverri en medio de los festejos de River en Santiago del Estero por el Trofeo de Campeones. La alegría por la vuelta olímpica, la emoción por el adiós de Enzo Pérez y hasta la decisión u omisión del capitán de no estrechar la mano con Martín Demichelis y Javier Pinola cuando fue reemplazado por Jonatan Maidana pasaron a un segundo plano.

«Se hablaron muchas cosas, que mi representante no atendía las llamadas, pero estaban en contacto permanente. No voy a renovar el contrato, pero me quedo seis meses, un añito más en River«, soltó el jugador que el 2 de enero cumple 18 y que el 31 de diciembre de 2024 termina su vínculo con River.

El periodista de campo de juego, incrédulo, repreguntó por temor a que el barullo de los festejos le hubiera distorsionado los dichos del chaqueño que en la noche del viernes jugó su primer partido como titular. Pero no. «No voy a renovar», remarcó el chico. Y la bomba no solo detonó, sino que hizo volar por el aire miles de esquirlas.

Los hinchas de River que estaban esperando que Enzo Pérez levantara la copa se tomaron la cabeza como primera reacción. Enseguida insultaron al aire con el Diablito y sus parientes como destinatarios. Los dirigentes de River también sintieron el impacto.

Tanto fue así que el presidente del club de Núñez, Jorge Brito, salió rápido a intentar hacer control de daños. Dijo que no había leído lo que había declarado el chico, pero que en ese interín, igualmente, ya había hablado con Echeverri y con su representante, Enzo Montepaone.

«Recien lo saludé, estaba mal por lo que había dicho, dijo lo que no quería decir. Hay que entender que tiene 17 años, un potencial enorme, un grandísimo jugador, muy querido en el plantel, recién lo estamos conociendo. Nunca tuvimos un problema con su representante, muy buen vínculo humano y futbolístico con él. Quedan 13 meses para el vencimiento del contrato, seguramente deberemos definir cuestiones que tiene que ver con eso. Él quiere triunfar en River y jugar el año que viene acá, yo me quedo con eso. Su representante defenderá los derechos del jugador y nosotros los del club, confío en él y su representante, tiene que ser algo muy bueno para él y muy bueno para el club», aseguró Brito.

Las palabras del dirigente no alcanzaron para apaciguar el fuego. Echeverri, como buen adolescente, tomó su teléfono e hizo un posteo en sus redes sociales. Con una sonrisa y con la copa entre sus manos, auguró: “Dos títulos y que sean muchos más con esta camiseta. Siempre River».

Su mensaje escueto fue tierra fértil para los haters, esos que andan por el mundo virtual sin documentos y creen tener la potestad de insultar y amenazar a todo aquel que piense lo contrario. O ni siquiera eso. Innecesario por donde se lo mire.

Echeverri tiene 17 años y no sólo tiene mucho camino para recorrer y mucho más por aprender. La sinceridad, increíblemente, no es una virtud en este mundo y menos en el mundo del fútbol. Podría haberse hecho el gil y prender el cassette. Tirarle la responsabilidad a su representante y a los dirigentes de River. Pero dijo lo que sentía. Tal vez lo que sabía y lo que quería. Y contra eso poco se puede hacer.

Hay que interpretar el contexto. No debe ser fácil ser Echeverri. Durante su gran actuación en el Mundial Sub 17 de Indonesia, con triplete a Brasil incluido, se le colocaron rótulos que casi siempre se convierten en lastres. Las comparaciones con Maradona y Messi son apresuradas y por ahora exageradas. Y confunden.

El Diablito Echeverri firma un autógrafo en Santiago del Estero. (JJ. García)El Diablito Echeverri firma un autógrafo en Santiago del Estero. (JJ. García)Echeverri es un chico al que nunca le sobró nada. Y también debe entender con su familia que su salida rápida de River puede ser el pasaporte económico para resolver muchos de los problemas que tiene y que tendrá. Tal vez su crecimiento necesite de más años en River. Tal vez no. Nadie se puede poner en su lugar porque nadie sabe qué le depara el destino. Y muchas veces vale más pájaro en mano…

La sinceridad, como se dijo, es mala palabra en el fútbol. Peor suerte tiene la ingenuidad. Ni siquiera es una mala palabra. Es una palabra que no existe. Porque acá se está hablando de dinero. El que puede ganar el Diablito y el que puede dejar de ganar River si se le escapa por una cláusula de rescisión menor a sus expectativas o, en el peor de los casos, sin dejarle un peso.

Se trata de una de esas situaciones en las que todos tienen sus razones para tener razón. Menos los haters, claro, y su vocación por lastimar sin medir el costo ni asumir la responsabilidad de decir barbaridades que jamás dirían cara a cara. Tiene 17 años Echeverri. Y haga lo que haga no tiene por qué soportar la cobardía de la ira anónima.

Esta historia, obviamente, continuará.

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