Según relató, los hechos se repiten con una frecuencia alarmante. “Este verano me robaron una yegua. La llevaron al otro lado del muro de la defensa sur, la dejaron colgada con 40 grados de calor. Se murió de sed, hambre y calor. La encontraron días después, ahorcada”, contó. Pero el calvario no terminó allí: “A la semana me robaron otra yegua gateada. Le dieron un hachazo en la cabeza. Agarró tétano y se murió. Y el martes pasado me abrieron el portón, me robaron una tordilla blanca grande. Ya no doy más”.El vecino asegura que, pese a los reiterados episodios, no ha recibido respuestas concretas por parte de las autoridades. “A la policía no voy más. Lo único que me dicen es ‘andá a averiguar y si la encontrás, avisanos’. Por eso esta vez me voy a arrimar a Fiscalía. Quiero que los jueces y fiscales sepan lo que está pasando. Porque si llego a encontrar a alguien robándome, no sé cómo voy a reaccionar”, advirtió con tono firme.
“Estoy cansado. No me meto con nadie, pero ya rebasaron el vaso”
Segovia insiste en que no tiene sospechas concretas ni acusa a vecinos de la zona. “Yo no tengo problemas con nadie. Nunca tuve líos con la justicia. Pero esto ya es demasiado. Me están destruyendo. Si matás a una rata como la que me está robando, después tenés que pagar por bueno”, reflexionó, dejando entrever el nivel de desesperación que atraviesa.
El testimonio de este vecino pone en evidencia una situación que, más allá del caso puntual, interpela sobre la seguridad rural, la respuesta institucional y el límite emocional de quienes ven vulnerado su esfuerzo y patrimonio. “Yo no sé qué voy a hacer si lo encuentro. Pero que no me van a robar más, eso es seguro”, concluyó.