La Libertad Avanza es lo que se ve. No hay mucho más que esto en los alrededores de Javier Milei. No existe un gabinete en las sombras que puede reemplazar a los funcionarios que hay está en la administración para darle un aire nuevo al Gobierno.
Es cierto que hay algunos desplazados, o libertarios que quedaron fuera de las listas de candidatos que armaron Karina Milei, Martín y Lule Menem y Sebastián Pareja. Es verdad también que los candidatos bonaerenses fueron muy malos, pero es un error pensar que hubo libertarios mucho mejores para poner en sus lugares. Maximiliano Bondarenko fue un mal candidato en la Tercera Sección Electoral, pero el Gobierno no tenía al Kun Agüero -por mencionar a un personaje famoso y apreciado que defiende algunas de las ideas de Milei- para encabezar esa lista. Era Bondarenko o algún youtuber apadrinado por El Gordo Dan.
La interna del oficialismo es esa: Karina Milei y sus asesores contra Santiago Caputo y los suyos. Unos dicen que enfrentan a dirigentes descartados durante décadas por los partidos políticos tradicionales que vieron reverdecer en sus corazones su vocación predatoria y los otros desprecian a quienes consideran como jóvenes adultos que encontraron en las redes sociales la posibilidad de llevar adelante una vida de relacionamientos y, en algunos casos, un ingreso tardío en el mundo de la formalidad laboral por medio del empleo público. Puede ser que uno de los dos bandos tenga razón, y también puede ocurrir que los dos estén en lo cierto.
Por eso mismo es que hay que descartar cambios importantes en el elenco oficial que surjan como respuesta a la derrota bonaerense del domingo: no hay funcionarios mejores en el banco de suplentes de la Quinta de Olivos y tampoco aparecen hoy en la oposición actores con voluntad de unirse a las Fuerzas del Cielo en condiciones de hacer algún aporte importante para la gobernabilidad.
La situación obliga a hacer una pregunta: ¿cuáles son las revisiones profundas que mencionó el Presidente el domingo? ¿qué cosas pueden cambiar en el próximo mes para que el resultado de la elección de octubre sea distinto para un Gobierno que viene de perder todos los comicios provinciales excepto el de la Ciudad de Buenos Aires?
Un tercer interrogante, todavía más movilizador que los dos primeros: si el elenco oficial no puede cambiar demasiado, ¿es Milei el que tiene que cambiar? ¿Milei tiene que dejar de ser Milei? Son preguntas que en el Gobierno no se quieren hacer, sobre todo porque no tienen respuesta concluyente.
Los estudiosos de la política saben muy bien que una cosa es gobernar y otra cosa es ganar elecciones. Hacer bien una de esas dos cosas es dificilísimo, y las dos llevan años de aprendizaje, estudio, creatividad y experiencia. Por eso es que las suelen hacer personas distintas y los ministros y técnicos se dedican a gestionar y los estrategas electorales asesoran a los candidatos para ayudarlos a ganar. Uno de los milagros de las democracias presidencialistas es que hay un dirigente que concentra esos dos atributos. El Presidente es el que tiene en su cabeza y en su cuerpo la responsabilidad de gobernar y también la de ganar elecciones. El votante le otorga esa cualidad: lo elige para que gane las elecciones y que haga un buen gobierno. Algunos presidentes argentinos se equivocaron y les dieron poder en la gestión a sus asesores de campaña y algunos ministros exitosos consideraron que ese recorrido les serviría como capital electoral y se quedaron a medio camino. Otra vez: son muy pocos los políticos que pueden hacer converger esos dos atributos tan diferentes y los presidentes están obligados a hacerlo.
Por más llantos que quieran derramar y facturas internas que quieran repartirse, en el oficialismo hay otra cosa que no se puede hacer. Las listas para octubre ya fueron presentadas y las alianzas electorales son las que tiene hoy registrada la Justicia. En la elección nacional, además, la oferta no peronista estará más fragmentada que lo que estuvo en la elección bonaerense. Milagros de la eliminación de las PASO. El oficialismo tendrá alguna ventaja, eso sí, que ya denunció Cristina Kirchner en su momento, porque los intendentes -especialmente los del peronismo bonaerense- no tendrán estímulos directos para hacer campaña en octubre. Sus concejos deliberantes ya fueron renovados el último domingo. Axel Kicillof podría verse a sí mismo en una situación parecida. El gobernador bonaerense es el gran ganador del domingo, porque con sus aliados municipales derrotó en un solo día a Milei y a la familia Kirchner, que lo había subido a su nómina de enemigos jurados.
Con su victoria, Kicillof puede tomar dos caminos. Uno es acelerar su proyecto presidencial y ponerse al frente de la campaña de los candidatos nacionales del peronismo. Tendrá así por delante dos años muy intensos por delante, en una época en la que los políticos prefieren llegar en el tiempo de maduración justa de sus candidaturas y no antes ni después. También puede disfrutar algunos días más de los mimos públicos y retirarse luego a la gestión provincial. Esa situación dejaría a los Kirchner a cargo de la campaña nacional. Si el Gobierno consigue acomodarse un poco, y sobre todo si logra revertir radicalmente su panorama negro, los Kirchner tienen mucho para perder: Kicillof habrá ganado su batalla y Cristina y Máximo habrán derrapado en la suya. ¿Y qué podría ocurrir si el Gobierno vuelve a darse un porrazo? En ese caso, la lista del peronismo no tiene nombres con posibilidades de convertirse en una amenaza seria para el Gobernador. Será un triunfo del peronismo, con el kirchnerismo incluido, sí, pero con un lugarcito para Kicillof en la foto del búnker.
