Desde las ocho de la mañana del domingo, los primeros grupos ya estaban en el predio ensamblando estructuras, colgando adornos y acomodando mesas. La fiesta del 25 de mayo comenzó semanas antes, con vecinos que se volvieron equipo.
Este año, como cada año, los cursos de los colegios de la ciudad tomaron a su cargo las tradicionales pulperías que dan vida a la celebración patria. El trabajo colectivo involucró a estudiantes, padres y docentes.
Casandra, del stand número 37, declaró: “Nos organizamos vendiendo tortas fritas. Fue un laburo salir todos los fines de semana, pero hubo mucho compañerismo y juntamos alrededor de 2 millones de pesos. Casi todo lo que está en el stand es reciclado, que recolectamos nosotros. Fue fácil, pero a la vez difícil.”
En el stand 56, Mara y Juane coincidieron: “La verdad que fue muy lindo. Empezamos hace un mes y medio juntándonos los fines de semana. Lo lindo fue lo compartido, fuera de la pulpería que quedó hermosísima, todo lo vivido entre padres y chicos”. Juane Villagra agregó: “Este stand ya estaba armado hace tres días, como está acá, estaba dentro de un galpón. La suerte también de dar con un grupo de padres pujante, que va para adelante, somos casi 25 o 30 padres activos”.
Los adultos reconocieron que hay que saber cuándo presionar y cuándo soltar. Juane explicó: “Los gurises estaban re entusiasmados. Obviamente, hay que ir empujando, es así, lo sabemos. Pero también es una preparación: este año les toca Carrozas, así que empezamos a usar técnicas de carroza estudiantil, es mucho empapelado, mucho engrudo. Y que aprendan”.
Gustavo, del Agrotécnico, trabajó en el stand con su hija. Sostuvo: “Es un poco difícil, pero se lleva. Es lindo también.” Su hija afirmó: “Complicado. Tenemos algunos cruces por ahí porque la verdad somos bastante iguales, se nos cruzan los cables a veces a los dos. Pero fue tranqui.”
En el stand 29, Romina indicó que este año la experiencia acumulada marcó la diferencia: “Fue fantástico este año porque con la experiencia de las Carrozas del año pasado, este año se organizaron solos los chicos y los padres simplemente ayudamos en planificar cómo hacerlo.” Luján explicó la propuesta del stand: “Hicimos una representación del Museo La Palma, que habla de la historia de amor que hay detrás de todo lo que es el museo y la leyenda de esa familia de nuestra ciudad, que cuenta que una chica, Isabel Frutos, muere de amor en la azotea de la casona” por eso el stand se llama Azotea Isabel. Sobre el concurso de la empanada, declararon: “No vamos a contar el secreto, pero son muy ricas, jugosas y fresquitas.”
Catalina, coordinadora del stand 37 de la Enova, gestionó el armado del puesto y las parejas de baile: “Los gurises se portaron bien. Fue muy copado trabajar con todos. Obviamente, siempre hay discusiones o desacuerdos, pero entre todos se pudo trabajar muy bien, tanto con los padres como con los chicos.” Sobre los bailes, detalló: “Estamos desde el 11 de abril ensayando. Tres veces por semana”, es decir, más de un mes de ensayos para el vals, chamamé, candombe y pericón.
Los valores de montaje y confección de las pulperías oscilaron entre los 2 y 3 millones de pesos, según los datos aportados por los estudiantes secundarios. La mayoría indicó que los fondos fueron recaudados por el curso con venta de tortas fritas, tortas o pastas cada fin de semana. En otros grupos fue mediante rifas y ventas varias. Para ahorrar fondos, recolectaron elementos de las viviendas, pidieron prestados, donaciones de pintura, alambre y clavos de comercios de la ciudad.
Bianca y Victoria, del stand 21 de Villa Malvina, afirmaron: “El 25 de mayo para nosotros es una fiesta que moviliza a toda la ciudad. Está muy bueno que esto siga estando”.
