El gobierno de Javier Milei, a coro con el PRO, la UCR, gobernadores y los grandes medios, repite sin rubor que la reforma laboral –ya con media sanción en el Senado– es la llave mágica para crear empleo y sacar a la economía del pozo.
Ya lo dijo el genial Tato Bores en 1993: «La solución que el gobierno les ofrece es la ley de la reforma laboral para bajar el costo argentino. ¡Verso! La reforma es para aumentar la ganancia de un argentino piola; lo que pretenden con la reforma laboral es querer semanas de 10 días hábiles y, si fuera posible, días de 32 horas y, si te rajan, que le beses la mano al trompa y le digas gracias, amo».
Pero a falta de Tato, basta prestar atención a lo que dicen incluso los propios empresarios para que el relato se caiga a pedazos. Ni los que se frotan las manos por la «modernización» de la legislación se animan a prometer más trabajo en el corto plazo.
El ajuste, la apertura económica y el “sinceramiento” de precios y salarios solo están logrando lo contrario: despidos, fábricas que bajan la persiana y más personas cayendo en la informalidad.
Los empresarios se sinceran: la reforma no crea empleo
Salvador Femenia, de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME), no pudo ser más claro: «Por sí misma no va a generar más empleo”. Falta que haya una reactivación de la economía. El consumo hoy no aumenta».
Martín Rappallini, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), no se queda atrás: «La legislación laboral por sí sola no crea empleo. La generación de trabajo depende de muchos factores». El propio sector industrial lo admite: los despidos continúan, y la caída interanual del empleo es del 1,3%, con 78.800 puestos menos solo en el último año.
Gustavo Weiss, de la Cámara de la Construcción, lo repite: la reforma servirá «solo cuando haya crecimiento económico». Nadie va a tomar gente solo porque cambien las leyes.
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Pymes ahogadas y sin alivio: la reforma no es para ellas
En el mundo pyme, la bronca es mayor. Maximiliano Pisetta, del Movimiento Nacional Pymes, no duda: «No hay baja de impuestos, ni de cargas laborales, ni reactivación del consumo, ni política para bajar tasas de interés. El consumo está planchado y si sigue así, nadie te va a contratar».
Marcelo Fernández, de la Confederación General Empresaria, reclama mercado interno y regulación de importaciones, porque hoy el Estado deja a las pymes libradas a su suerte, mientras las grandes empresas siguen de fiesta. «Si la situación sigue así, va a haber más cierres y más pérdida de puestos de trabajo. Primero hay que fomentar el consumo para que las medidas para las pymes sean útiles». El diagnóstico es lapidario: la reforma no solo no ayuda, sino que puede empeorar la recesión.
Camilo Alan, empresario textil, es lapidario: “La ley no va a crear empleo si no hay reactivación, y hay cada vez más cierre de industrias y comercios”.
Caputo exige que los empresarios respalden una reforma hecha a su medida
El ministro de Economía, Luis Caputo, salió a criticar al sector empresarial por su falta de apoyo público a la reforma laboral.
En su cuenta de X, Caputo afirmó que «Les bajamos las cargas patronales un 85 por ciento para los nuevos empleos y no se habla del tema. Ninguna cámara festeja, nada. No salgo de mi asombro!».
Enfatizó que esta reducción de costos para las empresas es uno de los aspectos más importantes de la ley y cuestionó el silencio de las cámaras empresariales frente a lo que describió como beneficios para la creación de empleo formal.
Frente a los números, el verso oficial no resiste. De acuerdo a datos de la Secretaría de Trabajo, en noviembre de 2025 la caída de empleo fue del 0,2% respecto al mes anterior, con 13.000 empleos menos. El sector público, las casas particulares y la industria vieron retroceder el empleo registrado. La construcción, con el fin de la obra pública, es un cementerio de puestos perdidos.
La CGT: traición y rosca, paro sin lucha: Impongamos una gran movilización
En este contexto de saqueo y entrega, la CGT volvió a jugar su papel de bombero del ajuste. En vez de ponerse al frente de la pelea, apuestan a la rosca en el Senado, los despachos y la Justicia, cuidando sus privilegios y el negocio multimillonario de las obras sociales.
El paro nacional contra la reforma fue fruto del repudio desde abajo, porque los trabajadores y trabajadoras no se bancan más retrocesos y pobreza. Pero la CGT se niega a convocar a la movilización masiva que ponga en la calle toda la bronca acumulada.
Temen, con razón, que la base los pase por arriba y enfrente de lleno a Milei y a los diputados y senadores que negocian sus derechos como si fueran fichas en el Congreso.
Es necesario organizar desde ahora para que el paro sea activo.
Está planteado superar a la burocracia y organizarse desde cada lugar de trabajo, desde cada barrio, para movilizarnos masivamente a pesar de ellos.
Abajo la reforma. La bronca desde abajo le impuso a la CGT un paro nacional: ¡hagámoslo activo con piquetes y caravanas!
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