miércoles, 18 marzo, 2026
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Deuda sin fin: en febrero aumentó US$ 11.200 millones

En febrero, la deuda pública creció en US$ 11.200 millones y alcanzó los US$ 472.135 millones, impulsada fundamentalmente por los bonos atados a la inflación (CER) y las nuevas emisiones del Gobierno en pesos. Incluso habiendo pagando fuertes vencimientos, el stock de deuda sigue escalando.

En apenas dos meses de 2026, la deuda ya aumentó más de US$ 17.000 millones. Lejos de cualquier desendeudamiento, el esquema económico de Javier Milei y Luis Caputo profundiza el mismo mecanismo histórico, deuda para pagar deuda, acrecentando la bola de nieve a futuro.

Una parte central de este incremento se explica por los títulos ajustados por inflación. Estos instrumentos no implican pagos inmediatos de intereses, pero sí engrosan el capital adeudado. En otras palabras, el Gobierno “patea” obligaciones hacia adelante mientras acumula una carga cada vez mayor. Esto anticipa más ajuste: cuanto más crece la deuda, mayores serán las exigencias fiscales futuras para sostener los pagos, con un oficialismo que tiene al recorte presupuestario como una sus herramientas principales.

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Este proceso se vuelve aún más preocupante en un contexto de caída de la recaudación. Con una economía golpeada por el ajuste, el Estado recauda menos, lo que agrava el peso de la deuda. El resultado es un círculo vicioso: menos ingresos, más deuda, y por lo tanto más ajuste sobre salarios, jubilaciones y gasto social.

El frente externo tampoco ofrece alivio. Si bien el Banco Central comenzó el 2026 comprando dólares (acumulando US$ 3.500 millones en unas 50 jornadas), las reservas brutas continúan cayendo debido a que los pagos de deuda externa y a organismos internacionales superan los ingresos de divisas.

Así, las reservas rondan los US$ 44.700 millones y vienen retrocediendo incluso en jornadas con saldo comprador. Es la expresión concreta de un problema estructural, cada dólar que entra por el mercado cambiario termina saliendo por el canal del endeudamiento.

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Con el riesgo país en torno a los 600 puntos, impulsado por la inestabilidad internacional tras el inicio de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, el acceso al financiamiento externo sigue siendo limitado y costoso. En este contexto, refinanciar los importantes vencimientos de deuda externa de 2026 y 2027 aparece como un desafío imposible para el Gobierno.

Lejos de resolver los problemas estructurales de la economía argentina, el plan de Milei y Caputo los profundiza. Más deuda y más ajuste no son una solución, sino la continuidad de un modelo que históricamente ha beneficiado al capital financiero a costa de las grandes mayorías.

Frenar este círculo vicioso exige otro camino, la organización y movilización de trabajadores, jubilados y sectores populares para imponer una política económica al servicio de sus necesidades, rompiendo con el esquema de endeudamiento permanente que hoy vuelve a hipotecar el futuro.

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