La comunidad astronómica internacional registró un evento sin precedentes: un cometa logró invertir completamente el sentido en el que gira sobre sí mismo. El objeto, identificado como 41P/Tuttle-Giacobini-Kresák, modificó su rotación tras un proceso de desaceleración y posterior aceleración en dirección contraria, un comportamiento que desafía la dinámica tradicional de estos visitantes del sistema solar.
Un freno y un giro inesperado
Las observaciones, realizadas principalmente con el telescopio espacial Hubble y otros instrumentos terrestres, se centraron en el paso del cometa por su perihelio en 2017. Los datos revelaron que, en cuestión de semanas, el núcleo del cometa, de apenas un kilómetro de diámetro, redujo drásticamente su velocidad de giro. Sin embargo, el hecho más sorprendente ocurrió meses después, cuando las imágenes confirmaron que el cuerpo celeste no solo había recuperado velocidad, sino que lo hacía rotando en el sentido opuesto al original.
El mecanismo detrás de la inversión
Los científicos atribuyen este fenómeno a la actividad asimétrica del cometa. «Los chorros de gas que emanan de la superficie pueden actuar como pequeños propulsores», explicó David Jewitt, investigador de la Universidad de California en Los Ángeles y autor principal del estudio. Jewitt utilizó una analogía para ilustrar el proceso: «Es como empujar un carrusel en la dirección contraria a su giro; eventualmente, puedes frenarlo y hacerlo rotar al revés».
Este mecanismo se activa cuando el cometa se acerca al Sol. El calor sublima el hielo de su superficie, transformándolo en gas que escapa en forma de chorros. Si estos chorros se emiten de manera desigual, pueden generar un torque suficiente para alterar, e incluso revertir, la rotación del núcleo.
Un futuro incierto y una oportunidad única
La investigación también notó un marcado descenso en la actividad general del cometa 41P entre sus apariciones en 2001 y 2017. Los astrónomos sugieren que esto podría deberse a la formación de una capa aislante de polvo o al agotamiento de sus materiales volátiles más accesibles.
Esta inestabilidad rotacional extrema plantea un riesgo existencial para el cometa. Los modelos indican que, si la fuerza centrífuga supera la débil gravedad que mantiene unido al núcleo, este podría fracturarse. «Espero que este núcleo se autodestruya muy rápidamente», señaló Jewitt, destacando la fragilidad de estos objetos.
Pese a que el cometa ha mantenido su órbita actual durante aproximadamente 1.500 años, los científicos estiman que su integridad física podría colapsar en un plazo mucho menor. Esta circunstancia convierte al 41P/Tuttle-Giacobini-Kresák en un laboratorio natural excepcional para estudiar los procesos finales en la vida de los cometas y la evolución dinámica de nuestro sistema solar.
