Un comerciante de la ciudad, comprometido con su fe, relata la experiencia íntima y transformadora de encarnar a Jesús en la representación del Vía Crucis que congregó a miles de personas.
Durante la representación del Vía Crucis que congregó a una multitud en la ciudad, la figura de Juan Olivera, quien encarnó a Jesús, generó un profundo impacto emocional y espiritual entre los presentes. Detrás de esa imagen, hay un vecino de 51 años, casado y padre de cuatro hijos, que se dedica al comercio de antigüedades.
Su vida cotidiana está marcada por un fuerte compromiso comunitario y religioso. Olivera integra la comunidad del Santuario Diocesano Nuestra Señora de Lourdes, participa activamente en Cáritas a nivel parroquial y diocesano, y acompaña la catequesis prematrimonial desde hace años.
En diálogo con este medio, Olivera reflexionó sobre la experiencia de interpretar a Jesús por segunda vez. «Interpretar a Jesús nunca va a alcanzar para comprender todo el dolor que realmente sintió», expresó con humildad. Aunque aclara que se trata de una representación, reconoce que la vivencia lo transformó, siendo esta segunda oportunidad más íntima y profunda que la anterior.
Recordó con especial intensidad el momento del Huerto de los Olivos, donde sintió una emoción no ensayada que lo llevó a las lágrimas. Sin embargo, destacó la escena de la crucifixión como la de mayor dimensión. «Desde la cruz no se ve demasiado. Pero se percibe todo. Se siente el silencio, el respeto. La gente estaba rezando de verdad», relató Olivera, valorando que la multitud lograra entrar en un estado de oración.
El momento más difícil, según su testimonio, fue la representación de la muerte. «Cuando cerré los ojos, pensé que Jesús realmente murió en la cruz. Y eso es muy difícil de comprender», explicó.
Tras la representación, recibió numerosos mensajes y reconocimientos. Un gesto que lo conmovió particularmente fue el de una niña de unos siete años, quien se le acercó con un dibujo hecho durante el Vía Crucis para fotografiarse con él. «Eso fue lo que más me impactó», afirmó.
Juan Olivera había decidido no repetir la experiencia tras la primera vez, pero cambió de opinión. «Seguramente Dios quiso que fuera de nuevo», reflexionó. Hoy siente el deseo de volver a hacerlo y de profundizar en la transmisión del mensaje, buscando involucrar más a la comunidad. Para él, el Vía Crucis no es una obra de teatro, sino un acto de fe. «Yo me confío al Espíritu Santo, que Él sea quien viva en mí», concluyó.
