Kate Zambreno y sus historias de animales: una escritura que cruza géneros

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Kate Zambreno, escritora estadounidense

La escritora estadounidense Kate Zambreno publica ‘Historias de animales’, un libro que transita entre la crónica, el ensayo y la autobiografía para reflexionar sobre la observación, el cuerpo y la creación.

La escritora Kate Zambreno nació, vive, escribe y da clases en Estados Unidos. Sus textos dialogan con pensadores europeos como Simone Weil y Roland Barthes. Su obra transita de una disciplina a otra y se ubica en las fronteras de los géneros. En 2021 recibió la Beca Guggenheim. Sus publicaciones no son ni novelas, ni diarios, ni ensayos, ni crónicas, o son todas esas categorías al mismo tiempo. Su escritura enlaza experiencias autobiográficas con crítica, lecturas de otros artistas y una observación sobre la vida cotidiana.

Entre sus obras se encuentran Mi libro madre, mi libro monstruo (2022), que reflexiona sobre la muerte de la madre y la capacidad de la escritura, la fotografía y la memoria en medio de una crisis. También Heroines (2012), una memoria ensayística que analiza a esposas y musas del modernismo literario: Zelda Fitzgerald, Vivienne Haigh-Wood, Jane Bowles y Unica Zürn.

La escritora Annie Ernaux dijo sobre Zambreno: “Ha inventado una nueva forma de escribir sobre la vida real, captada en un primer plano”.

La reciente traducción de Historias de animales, a cargo de la poeta argentina Cecilia Pavón, fue publicada por Eterna Cadencia. En el libro, Zambreno recorre zoológicos y bestiarios literarios para reflexionar sobre el cuerpo, la maternidad y las formas de mirar a los animales.

La primera parte, “Estudios de zoológicos”, reúne relatos sobre visitas a zoológicos en diferentes épocas de su vida. La segunda, “Mi sistema Kafka”, se centra en la figura de Franz Kafka y sus narraciones de animales, como “Informe para una academia”, “El artista del hambre” y La metamorfosis.

En una entrevista por correo electrónico, Zambreno habló sobre su proceso creativo y sus intereses.

—En uno de los ensayos leemos: “Una vez más, me invadió esa sensación zoológica con la que comenzaba este libro: la sensación de años de ausencia, la extraña distorsión de mis recuerdos”. ¿Podrías hablarnos de esa sensación?

—La traducción es tan complicada y sorprendente… ¡No estoy segura de haber escrito eso! Pero ahí está escrito. Esa sensación de lo zoológico tiene que ver con el tiempo: vamos a los zoológicos de niños y son nuestros primeros recuerdos. Yo fui con mis hijos pequeños, que ahora ya son mayores… Es también una experiencia con múltiples capas de tiempo y duración.

—¿Y qué te atrajo de los zoológicos como inspiración para escribir estos textos?

—La artista Moyra Davey me dijo una vez que empezó a hacer fotografías de trenes porque a su hijo pequeño le encantaban y se encontraba viajando en ellos todo el tiempo. Yo me encontraba en los zoológicos con una sensación extraña y melancólica, y estos relatos se convirtieron en una forma de documentar y dar sentido a mi experiencia con el tiempo.

—En varios momentos, aparece un diálogo con John Berger. ¿Qué te llevó a elegir a Berger como interlocutor?

—Su ensayo sobre la observación de los animales sigue considerándose canónico dentro del pensamiento zoológico. Me encuentro observando con él y pensando con él, y también me gustan las formas lúdicas en las que a menudo escribo sobre los modernistas europeos, también en contraposición a él.

—En apariencia, las dos partes del libro no tienen conexión. Sin embargo, a medida que se avanza en la lectura de “Sistema Kafka” aparecen múltiples vínculos invisibles. ¿Qué tipo de diálogo pretendías establecer entre las dos partes?

—¡Yo diría que las conexiones entre ambas son numerosas y de carácter lúdico! Y hay mucho en “Sistema Kafka” que reflexiona a partir de los relatos cortos de Franz Kafka, que tratan todos sobre animales.

—En ese sentido, ¿qué te interesó en particular de Kafka como figura?

—Como “figura” es una expresión interesante: me interesa mucho su figura, el pathos y la corporeidad de Kafka, su presencia en su cuerpo, sus deseos y apetitos. Creo que siempre estoy pensando en Kafka, al igual que siempre estoy pensando en Clarice Lispector, en mis informes especulativos, mis conferencias performativas, mis crónicas y mis cuadernos.

—Los animales de los zoológicos, las criaturas kafkianas y la maternidad parecen converger en tus narraciones. ¿Qué conexiones les ves?

—En mi obra The Light Room, que se publicará próximamente en español, escribo sobre la maternidad y los animales. Aquí, no estoy segura de estar escribiendo sobre la maternidad. Quizá lo hago de forma tangencial. Pienso en los niños que van al zoo, y en la mortalidad, y en la vigilancia, y en el aburrimiento, y en la alienación. ¿Es todo esto una reflexión sobre la maternidad? Sin duda, la maternidad también tiene que ver con la mortalidad, y con los niños, y con la vigilancia, y con el aburrimiento.

—Es interesante que, al hablar de la maternidad, menciones a varios autores masculinos. ¿A qué lo atribuís?

—Me parece interesante cómo Historias de animales es visto como un libro sobre la maternidad: hay algo que se da por sentado de antemano cada vez que una madre escribe un libro. Escribo desde mi posición de madre, es verdad. De hecho, es la razón por la que estoy en el zoológico en primer lugar: porque estoy con niños. Sin embargo, no veo este libro como algo que trate sobre las madres. Trata sobre reflexionar a través de los zoológicos y de Kafka, especialmente sobre sus obsesiones con las criaturas. Pero, además, me identifico como no binaria y mi trabajo siempre se ha identificado –de forma lúdica y, creo yo, queer– con el canon masculino. Por eso la última sección se llama “Breves observaciones sobre el varón europeo”. Me interesa el tema del cuidado, así como también Gary Winogrand y John Berger en su rol de padres. Pero resulta intrigante cómo a estos artistas y críticos masculinos se los ve haciendo obras universales –sobre temas más amplios– a pesar de que ellos también se inspiraron al ir al zoológico con sus hijos.

—También el cuerpo está muy presente en los textos: los cuerpos de los animales, de tus hijas, de Kafka y el tuyo propio. ¿Qué sentido encontrás en esa presencia?

—No estoy segura de que los cuerpos de mis hijas estén tan presentes en el libro. Aparecen en los márgenes, de forma periférica; yo las tomo de la mano o ellas me dan patadas. Siempre me interesan las condiciones materiales del escritor, así como las del cuerpo y del día a día. Sin duda, la dieta de Kafka, su cuerpo y su obsesión por el vegetarianismo son una de las formas en que interpreto su obra, su mirada.

—A lo largo de los textos parece que difuminás los límites entre los géneros. ¿Qué crees que te permitió explorar esa hibridación?

—Híbrido es un término intrigante cuando se piensa en animales. Al final del libro bromeo diciendo que el relato de Kafka “Un mestizo” –sobre un cruce entre un gatito y un cordero– debería ser la última palabra en todo este debate sobre lo híbrido en los géneros. Me inspiran los relatos de animales de Kafka como si fueran reportajes. Creo que ese es el género que mantengo a lo largo de este proyecto. A veces en ficción, a veces en no ficción.

Historias de animales, de Kate Zambreno, con traducción de Cecilia Pavón, fue publicado por Eterna Cadencia y tiene 144 páginas.