El obispo Héctor Zordán presidió la ceremonia, que no incluyó la procesión prevista debido al mal tiempo. Asistió el intendente Mauricio Davico.
Gualeguaychú celebró este miércoles el día de la Virgen del Rosario, patrona de la ciudad y de la Iglesia diocesana, con una misa en el templo de la Catedral.
La procesión alrededor de la plaza San Martín, prevista como parte de la celebración, fue suspendida debido al mal tiempo. La comunidad se congregó para la ceremonia religiosa.
La misa fue presidida por el obispo de Gualeguaychú, monseñor Héctor Zordán, acompañado por monseñor Ricardo Faifer y sacerdotes de la ciudad. También participó el intendente Mauricio Davico con funcionarios de su gabinete.
Homilía
En su homilía, Zordán reflexionó sobre las palabras del ángel a María en la Anunciación: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
El obispo explicó que el saludo del ángel no es solo una expresión cordial, sino una invitación a la alegría. Recordó que la expresión original del Evangelio de San Lucas fue traducida al latín como «Ave», incorporada al inicio del Ave María.
«El ángel no comienza diciéndole a María lo que tenía que hacer o lo que debía cumplir. No dio el primer paso confiándole una tarea o exponiéndole una obligación. Le dice: alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo», señaló.
A partir de esa escena evangélica, Zordán sostuvo que para los cristianos la alegría tiene una fuente concreta: el encuentro con Jesucristo.
Recordó también una expresión del papa Francisco al inicio de su pontificado: «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida de los que se encuentran con Jesús» y «con Jesucristo siempre nace y renace la alegría».
El obispo aclaró que la alegría cristiana no significa desconocer las dificultades ni suponer que la vida estará libre de problemas.
Como ejemplo mencionó a María, quien después de recibir el anuncio del ángel atravesó momentos de sufrimiento: Belén, la huida a Egipto, la búsqueda de Jesús durante su adolescencia y el camino de la cruz y la muerte de su hijo.
«María es una mujer profundamente alegre aun en los momentos más difíciles», afirmó.
Para Zordán, la alegría cristiana nace de una certeza que permite atravesar las dificultades desde otra perspectiva: Dios está presente, no abandona a su pueblo y transforma la vida de quienes se encuentran con Él.
Planteó que ser cristiano no se reduce al cumplimiento de normas u obligaciones, sino que supone haber descubierto que «Dios nos ama inmensamente» y que Jesús ofrece salvación, sentido y una vida nueva.
Mensaje sobre la situación social
Zordán sostuvo que la sociedad atraviesa un tiempo de «mucha preocupación», cansancio e incertidumbre, mientras numerosas personas y familias enfrentan situaciones difíciles.
Advirtió sobre el crecimiento de la desconfianza, la confrontación y «las palabras hirientes y descalificadoras» que, según señaló, profundizan el desencuentro y la desazón.
Frente a ese escenario, sostuvo que los cristianos no están llamados a ofrecer una alegría artificial o ingenua, sino una esperanza capaz de convivir con el dolor.
«Es justamente en este contexto donde los cristianos estamos llamados a ofrecer algo distinto: la alegría que nace de saber que Dios está, que no nos abandona incluso en los momentos más difíciles y nos abraza tiernamente», expresó.
Para el obispo, esa alegría puede convivir con las lágrimas y las preocupaciones porque no niega los problemas, sino que permite «mirar más lejos y más arriba».
En ese marco, afirmó: «Nuestra patria nos necesita festivos de la alegría y de la esperanza».
Consideró que vivir desde la esperanza puede convertirse en un signo profético frente a las actitudes de desencuentro que atraviesan a la sociedad y, al mismo tiempo, en un aporte concreto a la construcción del bien común.
Sobre el final de la celebración, Zordán invitó a poner nuevamente a la comunidad bajo la protección de la Virgen del Rosario.
«Hoy venimos a pedirle a la Virgen, la madre y patrona de nuestra comunidad local y de nuestra Iglesia diocesana, que nos anime en la alegría del Evangelio», expresó.
También pidió que María ayude a los cristianos a redescubrir la alegría de saberse amados por Dios y a vivir una fe que no quede encerrada en el ámbito personal.
El obispo convocó a ser hombres y mujeres «alegres» y «misioneros», capaces de caminar junto a los demás y ofrecer a la sociedad un testimonio de esperanza.

