El psicólogo y escritor argentino describe las señales del agotamiento por sobreadaptación y propone técnicas para modificar hábitos de hiperindependencia y control.
El psicólogo y escritor Bernardo Stamateas abordó las características del síndrome de burnout y las conductas asociadas a la sobreadaptación. En su análisis, sostuvo que «el síndrome de burnout es un cuerpo que no para de hacer y una cabeza que no para de pensar».
Stamateas indicó que muchas personas manifiestan estar «cansadas de ser fuertes» y que esa fortaleza, en ocasiones, funciona como un mecanismo de defensa. Explicó que cuando una persona en su infancia o adolescencia asume responsabilidades que no corresponden a su edad, como cuidar a hermanos menores o a alguno de los padres, desarrolla un mecanismo de sobreadaptación. «Casi sin darse cuenta, aprende a resolver, a hacerse cargo, a seguir adelante, a pensar: ‘Yo soy fuerte'», afirmó.
El especialista mencionó un segundo mecanismo: la hiperindependencia. Según describió, cuando alguien se vuelve demasiado autónomo porque no tiene otra opción, desarrolla el miedo a depender de los demás y asume el rol de fuerte. «A nivel inconsciente, aparece la idea: ‘Yo tengo que atender o ayudar o salvar a los demás’. Entonces, le cuesta mucho pedir ayuda», agregó.
Como tercer mecanismo, Stamateas señaló la necesidad de control absoluto. Afirmó que controlar puede reducir la ansiedad a corto plazo, pero no a largo plazo, y que ese exceso de control deriva en cansancio.
Respecto del síndrome de burnout, conocido como «síndrome del quemado», lo definió como «un cuerpo que no para de hacer, una cabeza que no para de pensar y analizar», hasta que la persona se ve obligada a detenerse por el cansancio.
El psicólogo enumeró tres señales para identificar el cansancio de ser fuerte:
- Cansancio que no se resuelve durmiendo: la persona duerme y se levanta cansada, o se va de vacaciones y no logra desconectarse.
- Irritabilidad: descripta como el síntoma por excelencia. Todo le molesta; reacciona con enojo ante situaciones menores o se deprime por falta de saludo. Stamateas lo atribuyó a hipersensibilidad por agotamiento.
- Postergación: postergar ir al médico, comprar zapatos nuevos o hacer un viaje deseado. «Postergar nuestras necesidades es hipotecar nuestro futuro», afirmó.
Para modificar esa necesidad de ser fuerte todo el tiempo, Stamateas propuso cuatro técnicas:
- Inventario en tres columnas: 1) qué cosas me corresponde hacer a mí; 2) qué cosas puedo compartir con otros; 3) qué cosas no me corresponde hacer a mí. Sostuvo que «hay gente que ama hacer aquello que uno detesta» y que a todos les gusta sentirse útiles.
- Hacer una tarea menor al 80%: permitirse hacer algo de manera no tan perfecta. Dirigido a perfeccionistas, con el objetivo de bajar el nivel de exigencia. «Hay vida después del error», expresó.
- Cambiar el «debo hacer esto» por «quiero hacer esto»: la idea del deber estresa; el querer produce alivio.
- Preguntarse «¿Qué quiero?»: consideró esta pregunta como eje, porque muchas veces no se es consciente de que se vive para los demás.
Stamateas advirtió que ser necesario todo el tiempo puede convertirse en agotamiento. Indicó que cuando a alguien le cuesta delegar y construye su identidad sobre «me necesitan», en casa, en el trabajo o con amigos, activa el rol de salvador. «Aquel que vive para salvar a otros está esperando que haya reciprocidad. Y, cuando no la hay, experimenta un doble sufrimiento», manifestó.
«Descansar de verdad es dejar de estar disponible 24/7 para los demás», destacó. Y agregó: «Tenemos que aprender a cuidarnos y a pedir ayuda. Porque, si yo siempre sostengo a todo el mundo, estoy enviando el mensaje de que no necesito que nadie me sostenga a mí. Y, tarde o temprano, puedo terminar quemado y con bronca, pensando: ‘Al final, yo ayudo a todo el mundo, y a mí nadie me ayuda’.»
Finalmente, Stamateas sostuvo que ser fuerte durante demasiado tiempo es también una manera de no sentir. Afirmó que muchas personas asumen ese rol para no conectar con su mundo afectivo, y que nadie es totalmente fuerte ni totalmente débil. «Todos tenemos rasgos de fortaleza y de debilidad; y aprender a encontrar el equilibrio entre ambos es una manera de cuidar nuestra salud física y emocional para vivir en plenitud», concluyó.

